Familia, Nacimiento e Infancia

Martín Melitón Sarasate y Navascués, conocido mundialmente por el nombre que más tarde adoptará, Pablo Sarasate, nace el 10 de marzo de 1844, en la calle de San Nicolás de Pamplona y es bautizado en la parroquia del mismo nombre de la capital navarra. Su padre, Miguel Sarasate Juanena, es pamplonés y músico del Regimiento de España número 30; su madre, Francisca Javiera Navascués Oarriechena, es también navarra, nacida en la Fábrica de Orbaitzeta. Siguiendo el destino militar de don Miguel, dos años más tarde, la familia se ve obligada a abandonar Pamplona. Desde muy pequeño, Pablo Sarasate muestra una innata afición por la música. Aprende a interpretar el pentagrama antes que a leer, bajo la dirección de su padre, como primer maestro de solfeo y violín. Prosigue los estudios musicales en Valladolid y más tarde en Santiago de Compostela, donde recibe clases por parte del coruñés José Courtier, primer violinista de la catedral.

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Partida de Bautismo de Pablo Sarasate
- AP San Nicolás de Pamplona

Meses después, la familia se traslada a A Coruña, donde permanece cinco años y donde el pequeño Pablo recibe clases de violín de Blas Álvarez, concertino de la orquesta del Teatro Principal. En la ciudad coruñesa, Pablo, con 10 años, ofrece su primer recital de violín, que le granjeará apoyos económicos para estudiar más tarde en el Conservatorio de Música de París.

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D. Miguel Sarasate Juanena, padre de
Pablo Sarasate G. Penabert Fot. AMP

Dña. Francisca Javiera Navascués Oarriechena,
madre de Pablo Sarasate G. Penabert Fot. AMP

Desde bien pequeño, su facilidad de aprendizaje y la brillantez en la ejecución con su violín admira a sus profesores y al resto de los músicos. Tanta es su fama que, en mayo de 1856, cuando sólo cuenta 12 años y se encuentra estudiando en Madrid a cargo de Manuel Rodríguez, concertista del Teatro de la Zarzuela, le piden que ofrezca un recital ante Isabel II y la Familia Real. La reina queda admirada del pequeño y prodigioso violinista. Ese mismo año es invitado por el Conservatorio de Madrid a participar, a pesar de no ser alumno, en un concierto de fin de curso, y al hacerlo, supera a los otros intérpretes. Así la fama rodeó a Sarasate desde los años de su niñez.