Japón, su sociedad, su lengua,
su cultura, impresionan profundamente a Francisco de Javier y vista
la influencia que la cultura china ejerce sobre Japón, Javier
decide llegar a China para predicar en ese inmenso país.
Pero las dificultades se cruzan en
ese nuevo proyecto y Javier queda abandonado y enfermo avistando las
costas de China. Muere el 3 de diciembre de 1552, a los 46 años,
en la isla de Sancián.
Sus restos son trasladados a Malaca
y más tarde a Goa (India) donde desde entonces son venerados
por cristianos, hindúes y musulmanes.