"Santo y patrono de Navarra"
Si
durante su vida, el carisma de Javier es admirado por cuantos lo conocen,
tras su muerte, se exaltan sus virtudes. En 1619 es beatificado y en
1622, el Papa Gregorio XV le proclama santo. Su ejemplo es seguido por
miles y miles de misioneros y misioneras que llegan a los países
más pobres del mundo y educan y asisten a los necesitados.
La Diputación
de Navarra lo proclama Patrono del Reino, título que comparte
con el primer obispo de Pamplona, San Fermín.
En 1985, el Parlamento de Navarra, declara el día de su festividad,
el 3 de diciembre, como Día de Navarra.
El Castillo de Javier, recientemente restaurado, es el
símbolo monumental que recuerda el origen navarro de una figura
universal, cuya vida y cuya obra tienen hoy plena vigencia.