El cinematógrafo nace a finales del siglo
XIX, convirtiéndose en poco tiempo en un espectáculo
sumamente popular. Sin embargo, los primeros espectadores de
esta joven atracción ya habían sido seducidos años
atrás por los espectáculos en los que la imagen
(estática o animada) era la protagonista. Sombras chinescas,
linterna mágica, dioramas, panoramas, cosmoramas o los
sofisticados cuadros disolventes, habían formado parte
de las diversiones públicas de los ociosos navarros durante
décadas.

Linterna mágica |
Max Skladanowsky en
Alemania (Bióscopo, 1895),
Edison en
los EEUU (Kinetógrafo y Kinetoscopio, 1893) o los hermanos
Lumière (Cinematógrafo,
1895), patentan diferentes aparatos capaces de registrar y reproducir imágenes
en movimiento. Lo que para algunos es un instrumento “científico”,
rápidamente se convierte en un artefacto capaz de generar negocio. El
inmediato aplauso de los primeros espectadores provoca la fulminante difusión
de este nuevo método de entretenimiento que se pone en marcha “a
la conquista del mundo” (lema de la Casa Pathé).
La primera constancia de sesión de cine en Navarra
se remonta al mes de octubre de 1896, cuando se anuncia en el Teatro Principal
(a partir de 1903 conocido como Teatro Gayarre) de Pamplona, unas sesiones de
Kinematógrafo (“maravillosa invención de Edison”, según
refleja la prensa local); en 1897 se presenta en las fiestas de San Fermín
y en las fiestas de Tudela el auténtico “
Cinematógrafo”,
el patentado por los
Lumière, a la postre el que se consolidó durante
los primeros años.
A partir de entonces, el cinematógrafo (todavía no
se le conocía tanto como para llamarlo “cine”), estará presente
de manera constante en los momentos de ocio de los navarros.