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 Por razones sentimentales y también de producción, es natural que la mayor parte de los realizadores navarros hayan optado por escenificar sus historias en escenarios próximos a su lugar de nacimiento. En algunos casos han sido los cortometrajes previos al doctorado del largo, y en otros, han sido fieles a su tierra para no salir apenas de sus lindes con ocasión de filmar sus películas.

   Es el caso de Luis Cortés, cuya filmografía se ha dotado en exclusiva de escenarios locales y de numerosos actores de reparto y técnicos de aquí: Marián (1977), Ni se lo llevó el viento ni puñetera falta que hacía (1980) y Te quiero, te quiero, te quiero (1981) así lo atestiguan. 

  El prolífico cineasta tafallés Miguel Mezquíriz filmó cientos de reportajes –su especialidad- durante las décadas de 1920 y 1930 por tierras navarras, desde Belagua (El tributo de las tres vacas, 1936) hasta su pueblo natal (Tafalla en fiestas, 1928), pasando por el Castillo de Javier o la Romería de Ujué. Y por supuesto los Sanfermines, algunos de los cuales se han conservado, en especial los filmados en los años 1950.

  La tudelana Ana Díez tampoco se ha olvidado de sus raíces y ha paseado sus cámaras por Navarra en sus largometrajes de ficción, fugazmente en Ander eta Yul (1989), Todo está oscuro (1997) e intensamente en Algunas chicas doblan las piernas cuando hablan (2001).

La cineasta tudelana Ana Díez
La cineasta tudelana
Ana Díez. DDN

  Otra cineasta navarra, Helena Taberna, ha filmado la mayor parte de su trabajo en localidades navarras, como lo testimonian algunos de sus títulos y protagonistas: Alsasua 1936 (1994), Emiliana de Zubeldía (1994), Andelos (1989).

  También aprovechó para filmar algunos fotogramas en su ciudad natal, el pamplonés Antonio Gárate en su primer largometraje, Besos y abrazos (1996), así como el alsasuarra Joseba Salegui, quien ubicó algunas de las escenas de Ione sube al cielo (1999) en el Monasterio de Iranzu (Abárzuza).

Cartel de la película: Ione, sube al cielo
Cartel de
Ione, sube al cielo de Joseba Salegui.R. Herrera


  Por su parte el leitzatarra
Iñaki Aizpuru, filmaba cerca de su valle escenas para Erreporteroak/Los reporteros (1984).

  Sin embargo, los directores deben aparcar la sentimentalidad a la hora de rodar y sujetarse a las necesidades de producción. Por eso los cineastas navarros han filmado en otros muchos lugares, logrando trabajos como Yoyes (1999) y Extranjeras (2003) de Helena Taberna (1999), Los ojos perdidos (Rafael García Serrano, 1966), La mafia en La Habana (2000) y Galíndez (2002) de Ana Díez, Di que sí (Juan Calvo, 2004), Sin retorno (Julia Montejo, 2000), Vorvik (José Antonio Vitoria, 2005), Un año en la luna (Antonio Gárate, 2004), Bagdad Rap (Arturo Cisneros, 2004), etcétera.

Cartel de "Bagdad Rap " de Arturo Cisneros
Cartel de
Bagdad Rap de Arturo Cisneros. D. Lasterra

  También tenemos un recuerdo para los hermanos Mauro y Víctor Azcona, naturales de Fitero y afincados en Baracaldo, quienes realizaron docenas de películas publicitarias, reportajes, y algún largometraje de ficción, el más destacado de los cuales fue El mayorazgo de Basterretxe (1928).

  Además debemos incluir en este espacio tres títulos en los que intervinieron guionistas y técnicos navarros, cuyas imágenes recorren nuestra geografía local de norte a sur: los documentales Ama Lur/Tierra madre (Néstor Basterretxea, 1968), y Navarra. Las cuatro estaciones (1972) de Pío Caro Baroja y la road movie local Cita en Navarra (José Grañena, 1970) con guión de Jaime I. del Burgo Torres.

Antonio Gárate en la presentación de "Un año en la luna"
Antonio Gárate en la presentación de Un año en la luna. DDN

Antonio Gárate en la presentación de "Un año en la luna"
Escena
Ander eta Yul. A.C.


 

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