Ciencia y poder, hoy y mañana

ANALES DEL SISTEMA SANITARIO DE NAVARRA

alud Pública y Administración Sanitaria

Ciencia y poder, hoy y mañana

Federico Mayor Zaragoza



El papel de la comunidad científica

Un día / los intelectuales / apolíticos/ de mi país / serán interpelados / por el hombre / sencillo / de nuestro pueblo./ Se les preguntará / sobre lo que hicieron / cuando la patria se apagaba / lentamente / como una hoguera dulce, pequeña y sola (Otto Rene Castillo).

En castellano en el original. (Nota del traductor).

La ciencia es a la vez una cultura y una herramienta. Ilumina literal y metafóricamente; y, en general, allá donde la ciencia tenga déficits en la oferta, uno encontrará las necesidades humanas más grandes. Es entre las naciones en vías de desarrollo, por ejemplo, donde la falta de alfabetización científica se siente de manera más aguda. Si vamos a resolver todo el complejo de problemas, de los cuales la degradación medioambiental es uno de ellos, tenemos que pensar en términos del desarrollo del potencial humano a nivel mundial. En formas y grados diferentes, los mismos desafíos se aplican a Norte, Sur, Este y Oeste, a los países en vías de desarrollo donde aún se puede evitar el daño y al mundo industrializado que es la fuente de muchos de los problemas. Pero el problema es más agudo en los países en vías de desarrollo.

No tengo necesidad de repetir las tristes estadísticas que resumen la condición de casi tres-cuartas partes de la población mundial. Pero unos pocos datos ayudarán a situar el problema. La matrícula en educación superior en los países en vías de desarrollo es de sólo un 8 ó 9 por ciento en el grupo de edad entre 18 y 23 años. En los países menos desarrollados, la cifra es de sólo un 2 por ciento. Esto hay que compararlo con una tasa promedio del 37 por ciento en los países industrializados. El personal científico y técnico suma menos de 1 por ciento en el mundo en vías de desarrollo, frente a más de un 8 por ciento en el mundo industrializado. A pesar de suponer un 80 por ciento de la población mundial, los países en vías al desarrollo son responsables de sólo un 4 por ciento del gasto en investigación y desarrollo del mundo, y poseen sólo el 5 por ciento de los ordenadores del mundo.

Estos datos perturban porque tienen relación con sectores vitales al crecimiento en un mundo de conocimiento intensivo. La quiebra en estas áreas tiende a ser auto-reforzadora, respaldada por la pérdida de muchas personas con talento de los países en desarrollo a causa de la fuga de cerebros, y la privatización creciente de la información científica básica y tecnológica.

Últimamente, la capacidad de cada país de lograr un desarrollo sostenido dependerá del suministro de una masa crítica de mano de obra experimentada en los diversos campos científicos y técnicos. La capacidad de un país de promover el desarrollo depende también de una estructura política, legal, y normativa apropiada. Depende de su capacidad de escoger la tecnología apropiada. Las habilidades, el conocimiento, el saber-hacer técnico y un número suficiente de personas con formación son necesarios para desarrollar tecnologías endógenas adecuadas y para absorber y adaptar las tecnologías importadas a través de la transferencia tecnológica.

La formación del número y tipo adecuado de científicos, expertos, técnicos y maestros es una necesidad crítica, quizás la más crítica de todas, sobre todo en África. El trabajo de la UNESCO en este campo ha identificado una serie de problemas centrales.

El primero es la falta de una `masa crítica' a nivel nacional. A pesar de considerables esfuerzos, muchas naciones en desarrollo no tienen todavía el suficiente número de personas especializadas. En algunos países, sobre todo en África, hay todavía necesidad de construir un cuerpo de científicos e ingenieros de primera generación capaces de formar a la siguiente generación. En muchos países hay escasez de medios de formación, sobre todo los que tienen que ver con la preparación de equipos especializados en la realización de estudios e investigaciones útiles para la toma de decisiones.

Un segundo problema es la falta de instituciones y programas apropiados adaptados a las condiciones locales. Demasiado a menudo, los especialistas de los países en desarrollo se han formado en el extranjero, donde las condiciones son muy diferentes. Esto puede alentar la introducción de modelos ajenos de producción, gestión y consumo. Los planes de estudios a menudo no se orientan a las necesidades de sus sociedades, y los profesores no son buenos conocedores de los problemas locales. Como resultado, muchos aprendices de países en vías al desarrollo reciben una educación que tiene poco que ver con las necesidades sociales y económicas de su país. El reciclaje es esencial. Las universidades deben convertirse en centros de educación intensiva y continuada, con el objetivo de crear ciudadanos altamente cualificados. Se puede esperar todo de los que tienen conocimiento y habilidades; sin tales habilidades el desarrollo no tendrá lugar. En los años venideros se necesitará mucha imaginación para mejorar la calidad de vida en las áreas rurales, proporcionar electricidad a esas áreas ahora carentes de ella, evitar las migraciones a los suburbios urbanos. Una posibilidad es la utilización del ejército en tiempos de paz para convertirse en "amistosos compañeros de desarrollo", como establecía un documento de la Social Development Summit (Cumbre de Desarrollo Social) de junio de 1994, o estimular la construcción de viviendas y nuevos sistemas de transporte urbanos como una alternativa al armamento.

Un tercer problema es la falta de continuidad. Los estudiantes que vuelven a sus casas con habilidades inadecuadas a las necesidades locales, a menudo acaban abandonado sus campos profesionales por otros, tales como los negocios o la política. Todavía pueden contribuir de manera importante, pero se pierde su "input" directo en la ciencia y la tecnología. La falta de instituciones apropiadas también da lugar a una ruptura de la investigación y de los programas de desarrollo orientados hacia las necesidades nacionales. Aquí es donde la ausencia de un grupo de talento local, la `masa crítica', se siente de manera más aguda.

Se comparte un cuarto problema por parte de los países desarrollados y en vías al desarrollo. Casi todos los programas actuales de formación son sectoriales o monotemáticos, y no se orientan a las complejas interacciones entre personas, recursos, medioambiente y desarrollo. Éste es un gran desafío en la formación de la próxima generación de científicos, que necesitarán tener el discernimiento apropiado para resolver estos problemas.

El desafío de la biotecnología

Permítanme tratar de ilustrar los problemas y las posibilidades considerando el campo de crecimiento más rápido en la ciencia hoy, la biotecnología. El crecimiento explosivo de nuevas ideas y técnicas en biología molecular y genética es probable que tenga amplias aplicaciones en farmacia, medicina, ciencias veterinarias, agricultura, alimentación y nutrición, y en otros campos en la próxima generación. El potencial de los países en desarrollo para mejorar la salud, la agricultura y la nutrición es evidente, al igual que el peligro: que la revolución de la biotecnología llevará a un cierre del círculo del conocimiento, pues los gobiernos y las empresas se protegen a sí mismos intentando patentar los descubrimientos importantes. No hay ninguna duda acerca de que los países más pobres, que tienen mucho más que ganar con la biotecnología, serán los perdedores en cualquier guerra científica.

La importancia de la biotecnología para el Tercer Mundo puede ilustrarse con un ejemplo de la agricultura en Asia. A principios de los 90, Asia tenía más de un 50 por ciento de la población mundial, más de un 70 por ciento de las familias agrícolas del mundo, pero sólo el 25 por ciento de la tierra cultivable. Para principios del siglo XXI, el área de tierra disponible será de 0,1 hectáreas por cabeza en China y 0,14 hectáreas en India. La tasa de crecimiento de la población asiática es del 1,86 por ciento. La única manera en la que países como China e India puedan alimentar a sus poblaciones es alcanzar mejoras continuas en la producción. Con este propósito China se ha embarcado en la explotación a gran escala de híbridos.

Desde 1950, las áreas de tierra de regadío en el mundo han crecido tres veces, la mayor parte de la expansión se ha dado en los países en vías de desarrollo. La posibilidad de una expansión más amplia es más limitada. Mejorar la gestión del agua, y la incorporación de genes tolerantes a la sequía son necesidades urgentes. En ganadería, las necesidades de los países en vías de desarrollo pueden satisfacerse, en parte, por el uso de biotecnologías con mejora genética, medicina veterinaria y nutrición.

Se espera que la biotecnología ofrezca respuestas a un abanico de problemas relativos al Tercer Mundo. En agricultura se podría proporcionar maíz resistente a la barrenilla, mandioca resistente a los virus, mandioca rica en proteínas, patatas resistentes a la oruga, y ensayos de campo para diagnosticar enfermedades producidas por hongos. Algunos de éstos ya están disponibles, y otros lo estarán pronto. La capacidad de la Nitrogenasa -para la absorción directa de nitrógeno atmosférico por las plantas- es uno de los objetivos más importantes en genética botánica, pues supondrá una reducción en el uso de fertilizantes. En la UNESCO el Comité de Acción de Biotecnología promueve, con becas, redes, y cursos intensivos, una formación rápida y actualizada de los estudiosos de los países en vías de desarrollo. En la salud humana, la vacuna de la hepatitis-B está ya disponible, la vacuna contra la esquisomatosis debería estar disponible pronto, y la vacuna contra la malaria permanece como una meta a largo plazo.

Estos son los objetivos más importantes para el Tercer Mundo, pero hay algunas preocupaciones. ¿Puede la "revolución biotecnológica", organizada como está sobre todo por compañías situadas en los países industrializados, verdaderamente ayudar a los granjeros pobres de los países en vías de desarrollo?. Varios factores parecen argumentar en contra. El grueso del esfuerzo es probable que se dirija a las cosechas de interés para los industrializados agricultores del Norte, e incluso cuando los resultados también sean beneficiosos para la agricultura tropical, habrá que pagar un alto precio. La extensión de los derechos de la propiedad intelectual a genes individuales o genotipos puede tener impacto en la disponibilidad de material por los granjeros pobres. Puede impedir también preservar su semilla para la cosecha del año siguiente. ¿Se confinarían los derechos de la propiedad intelectual exclusivamente a premiar la innovación formal, incluso cuando el sistema de innovación informal ha jugado, y juega todavía, un papel importante en la conservación de los recursos genéticos de plantas y animales?. Otra preocupación es que la investigación se pueda dirigir a buscar sustitutos a los productos naturales, como el jarabe de maíz de alto contenido en fructosa y otros endulcorantes naturales o sintéticos utilizados como sustitutos del azúcar de caña, así como sustitutos del aroma de vainilla y manteca de cacao.

Algunos de los miedos podrían ser infundados. La creciente globalización de la industria ha reducido las presiones locales y nacionales por la substitución, que estaban, en cualquier caso, orientadas menos por costes que por motivos de salud y de alimentación. Pero parece claro incluso con una consideración breve de esta oportunidad tecnológica que el Tercer Mundo no puede permitirse ser un espectador pasivo mientras todo el progreso se lleva a cabo por los países desarrollados. Entre otras razones importantes, están la seguridad global, porque la expansión de mercados requiere un número creciente de países capaces de formar parte del ciclo del comercio. La dependencia del conocimiento, de las tecnologías y de los bienes culturales producidos por unos pocos de los grandes países es un hecho; pero nadie puede contentarse con ser siempre un espectador del desarrollo científico. Los pueblos que quieran decidir sobre su propio futuro tendrá que contribuir, aunque sea modestamente, al stock global de conocimiento y tendrán que ser capaces de compartirlo. En concreto, la investigación en los principales campos de producción alimentaria en los países en vías de desarrollo necesita ser apoyada internacionalmente, por el bien del desarrollo global sostenido. Lo mismo sirve para las enfermedades prevalentes en los países en desarrollo, que requieren un esfuerzo internacional.

La transferencia del conocimiento

Para asegurar que la brecha entre ricos y pobres no se agrande más, se requieren nuevas formas de transferir el conocimiento de los ricos a aquellos que tienen mucha más necesidad. Se deben de incluir redes y banco de datos, fácilmente accesible a los especialistas en el Tercer Mundo, que a menudo sufren un extremado aislamiento intelectual. También deben incluir becas de corta duración pero intensivas a los mejores centros de investigación de los países más ricos, así como enviar a los mejores especialistas al Tercer Mundo para poder desarrollar talentos "in situ". Los países pobres harán bien al abandonar los modelos educativos importados ya obsoletos en sus países de origen, en favor de sistemas menos rígidos que puedan producir grandes ahorros. Así como mejorar la situación, estas reformas pueden reducir el problema de la fuga de cerebros, que innecesariamente redistribuye el talento científico y de otro tipo lejos de donde realmente se necesita a donde simplemente se paga bien y hay mejor equipamiento.

La UNESCO lanzó un plan de acción denominado UNITWIN, cuyo propósito es fomentar una cooperación más estrecha entre universidades en un momento en el que la reforma de la educación superior está siendo en todas partes, tanto necesaria como urgente. La idea es desarrollar un espíritu de solidaridad basado en aunar esfuerzos, redes y otras formas de cooperación entre las universidades de todo el mundo incluso la cooperación norte-sur, este-oeste, y sur-sur. Un sistema de presidencias de la UNESCO establecido bajo esta iniciativa para aumentar la capacidad de enseñanza y de investigación en las instituciones de educación superior, en disciplinas específicas, principalmente en los países más pobres. Da la oportunidad a especialistas prominentes de enseñar como profesores visitantes en estos países, promueve transferir y compartir el conocimiento. La organización también promueve dos iniciativas en Uruguay y Venezuela: el proyecto enlace y el MECCO (Mercado Común del Conocimiento). Ambos facilitarán la relación mutua entre países, universidades y centros de investigación.

La responsabilidad de los científicos

Nada se consigue de un golpe, ni surge por sí mismo, ni está seguro para siempre. El hombre se inventa y se crea en la incertidumbre y el riesgo (Jacques Spaey en El desarrollo por la ciencia, UNESCO, 1970).

En castellano en el original. (Nota del traductor).

El conocimiento siempre es bueno: son sus aplicaciones las que pueden ser dañinas e incluso malvadas. Se puede utilizar un martillo como un instrumento de agresión; y a otro nivel la energía atómica. Pero debemos ser cautos y no dejar que se enfaticen sólo los aspectos negativos de la ciencia. Estos se describen normalmente en términos exageradamente oscuros, mientras que los aspectos positivos no son noticia. La comunidad científica y tecnológica tiene el deber de recordar a la población los beneficios enormes que ha traído la ciencia. Hace unos años, la Revolución Verde, que ha transformado las perspectivas del futuro de millones de personas en Asia, fue criticada por los ecologistas porque había tendido a favorecer a los agricultores más ricos, que podían comprar los pesticidas y fertilizantes de los que dependían las nuevas variedades de trigo y arroz. Los críticos se comportaron como si esto desacreditara toda la empresa, pero esto estaba lejos de la verdad. Daban el mismo valor a suprimir la inanición de millones de personas con un efecto, indudablemente real, pero muchos órdenes de magnitud menos importante.

Hay otros muchos ejemplos. Necesitamos vender nuestras mercancías, y no podría haber muchos consumidores mejores que los de hoy. ¿Piensa alguien en la poliomielitis alguna vez? ¿O en la manera en la que hemos podido reducir el dolor e incluso su eliminación con la ayuda de los analgésicos o anestésicos modernos? ¿O en el transporte y los sistemas de telecomunicación que nos permiten ser ciudadanos y testigos del mundo entero, aunque nos compelan a asumir las responsabilidades que trae consigo?.

No obstante, no podemos esquivar nuestras responsabilidades morales. Debemos admitir que ha habido un número considerable de silencios científicos en el siglo XX. La posesión del conocimiento conlleva una obligación moral. ¿Qué pensaríamos de un meteorólogo que no nos advirtió de que llegaba una tormenta? ¿O de los analistas clínicos que no nos alertaron de la urgente naturaleza de sus hallazgos?. Los científicos tienen que transcender las paredes de sus laboratorios, sus departamentos, sus facultades, y sus industrias. Decir que la vida científica es simplemente materia de "publicar o desaparecer" es tan desacreditador como malvado. Un científico que escoge permanecer en silencio, particularmente cuando las consecuencias podrían ser irreversibles, se comporta de manera no profesional e inmoral.

En ningún campo de la ciencia son los problemas más complejos que en la genética, ni hay otra área de la ciencia en la que el uso discriminatorio de la información pueda ser más escandaloso. Los temas de bioética, lejos de ser un lujo, deben ser preservados por toda la comunidad humana, pues los adelantos realizados por unos pocos son una batalla ganada para toda la raza humana. La Bioética nació, debidamente, en el mismo momento que las técnicas de manipulación genética en los años 70, y se empezaron a realizar preguntas sobre la influencia de la biología molecular en el futuro de humanidad. Lejos de ser simplemente un problema relacionado con la investigación de las relaciones entre ciencia y sociedad, tiene que ver con la relación entre hombre y naturaleza en su diversidad biológica. El desarrollo de la bioética ilustra la respuesta correcta y apropiada por parte de científicos y filósofos a las preguntas sociales planteadas por la ciencia.

Éstas son muchas. El diagnóstico y la detección genética hacen lo posible para dar certeza a los miembros de familias con una historia de transmisión genética de enfermedades. Sin embargo, ¿deben realizarse estas pruebas sólo después de que la enfermedad aparece?. ¿Se deben restringir las pruebas genéticas a enfermedades hereditarias, incurables, fatales o incapacitantes?. ¿Cómo se puede garantizar la confidencialidad de la información a lo largo del tiempo, sobre todo cuando podría ser de enorme interés para los empresarios y las compañías de seguros?. Por el momento, la comunidad científica ha acordado que no debe usarse la terapia de gen en las células del germen -lo que conferiría cambios a la próxima generación- y que se debe prohibir la clonación de seres humanos. ¿Pero se basa este acuerdo en principios éticos, o simplemente indica que todo el mundo actualmente considera estas técnicas prematuras en vista del estado actual de los conocimientos y los posibles riesgos asociados?.

Detrás de la primera serie de preguntas subyace el espectro de la selección eugenésica, y su huésped acompañante de violaciones de los derechos de los humanos y de la libertad individual. La tentación de las parejas de utilizar los resultados de la detección para seleccionar su vástago potencial es entendible, pero es difícil trazar la línea entre el deseo legítimo de no transmitir enfermedades genéticas graves y la demanda ilusoria del "niño perfecto". A otro nivel, no es imposible imaginar sociedades enteras tentadas de practicar la selección eugenésica en poblaciones enteras que pueden considerarse genéticamente vulnerables o con "riesgos".

Cada sociedad debe trazar por sí misma un camino por este laberinto moral, pero también hay un papel para la comunidad internacional. Las normas nacionales variarán de país a país, lo que podría alentar una forma de "turismo genético", en el que las personas estarían tentadas de aprovecharse de las laxas regulaciones en el extranjero. Los primeros movimientos de esto se han visto en la utilización de técnicas de fertilización "in vitro" que permite a las mujeres en edad de la menopausia quedarse embarazadas. En Italia no hay ninguna regla o convención que prohíba el uso de esta técnica a mujeres en sus cincuenta o sesenta, de manera que algunas mujeres del Reino Unido viajan allí para aprovecharse de un tratamiento que se les negaría en su casa debido a su edad. Sin actuar como juez y jurado en tales casos, está claro no obstante que algunas normas internacionales son deseables. Argumentos similares son aplicables a la incluso más molesta cuestión de la patente del genoma humano, donde hasta ahora países diferentes han adoptado acercamientos diferentes. Por estas razones la UNESCO ha creado un Comité Mundial de Bioética; quizás sería interesante extender su alcance, e incluir cada uno de los impactos de la ciencia en la vida humana.

Para resumir, está claro que el viejo modelo de asesoría científica, y la vieja relación entre ciencia y poder, ya no es la adecuada. Fue Albert Einstein el que dijo "el mundo es uno, o ninguno". Aplicar esta visión de totalidad a la relación entre ciencia y poder exigirá indudablemente soluciones nuevas y heterodoxas. Las décadas próximas verán una `cientificación' progresiva de la toma de decisiones sobre todo a nivel municipal (`Ciencia en el Ayuntamiento' sería un buen lema). Este se producirá en un contexto de expansión del armazón asesor, consistente con un mayor reconocimiento de las complejidades de los problemas de la ciencia y la política, y la necesidad de acercamientos integrales a su solución. Finalmente, habrá una creciente necesidad de reconocer la naturaleza global de las decisiones de la ciencia y la política y de establecer una nueva relación entre ciencia y poder que reconozca su dimensión internacional. El conocimiento es poder: poder producir, prever y prevenir. El conocimiento y la sabiduría son los dos pilares principales para un futuro mejor, un futuro común.