Nuevas perspectivas en la psicopatología de los trastornos esquizofrénicos

ANALES DEL SISTEMA SANITARIO DE NAVARRA

Suplemento 1

Nuevas perspectivas en la psicopatología de los trastornos esquizofrénicos
New perspectives on the psychopathology of schizophrenic disorders

M.J. Cuesta, V. Peralta, J.F. Serrano

Unidad de Hospitalización Psiquiátrica. Hospital Virgen del Camino. Pamplona



INTRODUCCIÓN

Desde la Psicopatología al concepto Positivo/Negativo

Los trastornos psiquiátricos (TP) se caracterizan por su gran heterogeneidad. La aplicación del modelo anatomoclínico a dichos trastornos supuso un gran avance hacia la concepción que actualmente se tiene de los mismos. El modelo anatomoclínico fue originalmente propuesto para las enfermedades médicas y se fundamentaba en la existencia una interrelación específica entre las manifestaciones externas (síntomas y signos) y el substrato patológico o interno de la enfermedad. El método de exploración del modelo anatomoclínico en el campo de los TP fue la semiología psiquiátrica, que por analogía con la somática, se desarrolló sobre todo en el ámbito de la psiquiatría francesa a lo largo del siglo pasado y principios del actual. La semiología, o "notación precisa de los signos que componen los cuadros clínicos de la enfermedades mentales y permiten su diagnóstico y pronóstico", en la definición de Ey 1, se convertiría en el método por excelencia de exploración de los TP. Posteriormente y a partir de la influencia de Jaspers 2 la psicopatología, ya definida como el ordenamiento metodológico del acontecer psíquico anormal en todas sus dimensiones, ha venido a sustituir y englobar a la antigua semiología, sin que existan unas delimitaciones netas entre ellas. La exploración psicopatológica así definida no es un método ateórico de exploración sino que recoge los síntomas y signos de los trastornos de una forma estructural, es decir, organizada en función de las hipotéticas funciones mentales subyacentes (pensamiento, sensopercepción,... etc). Ésta es una característica que la diferencia de la semiología, que sería una recogida de los signos observables que presentan los pacientes, y de la psicopatología fenomenológica que tamiza la recogida de los síntomas y signos a través del proceso de empatización con los pacientes (Tabla 1).

Tabla 1. Métodos de evaluación de síntomas y signos derivados de las enfermedades mentales.
Semiología

Notación precisa de los signos que componen los cuadros clínicos de las enfermedades mentales y permiten su diagnóstico y pronóstico

Psicopatología

Estudio sistemático de las experiencias anómalas, la cognición y la conducta

Psicopatología fenomenológica

Es la observación y categorización de las experiencias subjetivas anómalas y su representación en las conductas

Los trastornos esquizofrénicos (TE) son probablemente, dentro del conjunto de los TP, aquéllos donde se manifiesta una mayor variedad y riqueza en la expresividad sintomatológica. Esto conlleva que sean definidos de forma politética, es decir, que se definan de acuerdo a sus múltiples características. Esta definición ha precisado de la aplicación de métodos clasificatorios o nosotáxicos complejos que se han sucedido de frecuentes revisiones y cambios.

Sin embargo, se pueden destacar dos hilos conductores en lo nosología de los TE que no han variado significativamente con el paso del tiempo. En primer lugar, la delimitación establecida por Kraepelin 3 entre el grupo de las Psicosis Maníaco-Depresivas (PMD) y la Demencia Precoz. Bleuler 4 asumió también esta delimitación a pesar de que su visión conceptual y funcional fuera diferente de la postulada por Kraepelin respecto de la Demencia Precoz. Esta delimitación entre los grandes grupos de psicosis se sigue manteniendo en la actualidad a pesar de que haya sido preciso incluir un grupo de trastornos mixtos o Esquizoafectivos 5 ya que muchos pacientes no se podían clasificar en un solo grupo diagnóstico, y a pesar de que no haya podido ser validada estadísticamente 6.

El segundo hilo conductor respecto de la nosotaxia de los TE se refiere a su subclasificación en las cuatro formas característicos: paranoide, hebefrénica, catatónica y simple. Tampoco se han demostrado suficientemente ni su validez 7 ni su estabilidad 8.

Si revisamos someramente lo sucedido en otros sistemas nosográficos de los TP, veremos que estos dos hilos conductores también se han mantenido más o menos implícitamente. La clasificación de los TE de la escuela francesa en formas delirantes agudas, psicosis esquizofrénicas y psicosis delirantes crónicas, de gran valor en la práctica, quedó reducida a una influencia parcial en la comunidad francófona. En este sistema clasificatorio se mantiene la delimitación con las psicosis afectivas y también se siguen proponiendo las cuatro formas para la esquizofrenia crónica. Por otra parte, la clasificación desarrollada por la escuela de Wernicke, Kleist y Leonhard basada en la tipificación de Esquizofrenias sistemáticas y no sistemáticas, junto con las psicosis cicloides diferenciadas de las afectivas también delimita las esquizofrenias de las psicosis afectivas y presenta tres de las cuatro formas en las esquizofrenias sistemáticas, incluyendo la forma simple dentro de las hebefrénicas 9.

Paralelamente a la subclasificación en cuatro formas esquizofrénicas, y en parte debido a sus insuficiencias para explicar la evolución característica de los TE en fases activas o brotes y fases deficitarias, se han formulado modelos principalmente dicotómicos para su clasificación que han tenido gran aplicabilidad para la práctica clínica. De todos los modelos dicotómicos, la clasificación basada en la introducción de los conceptos de síntomas positivos y negativos ha supuesto un gran hito conceptual y ha persistido paralelamente a la clasificación tipológica clásica en los últimos 20 años, desbordando el campo de la investigación hasta hacerse presente en el lenguaje clínico de los psiquiatras.

Historia de los términos Positivo y Negativo

La historia conceptual de los términos positivo y negativo ha sido descrita fundamentalmente por Berrios 10,11, aunque también son relevantes otras aportaciones 12. Ha habido un gran debate sobre si esta terminología en su concepción actual debería atribuirse al neurólogo J.H. Jackson 13, o a su coetáneo J.R. Reynolds. Ambos autores emplearon los términos para describir estados clínicos asociados a diferentes procesos funcionales. Desde una perspectiva jerárquica y funcional Jackson defendía que los síntomas negativos se producían como efecto directo de la lesión, ya que provocaban un déficit o anulación de la función. Como consecuencia se desinhibirían procesos funcionales más arcaicos, que serían los síntomas positivos. Por lo tanto, existiría una interdependencia funcional y jerárquica entre ambos tipos de síntomas. Sin embargo, para Reynolds los síntomas negativos se producirían por déficit energético o del tono vital, y los positivos por un exceso de los mismos, sin que fuese necesaria su asociación funcional ni una relación jerárquico-estructural entre ellos. En la terminología actual, los conceptos positivo y negativo solamente hacen referencia a la exageración de una función o comportamiento que un sujeto normal no presenta, y a la ausencia o déficit de la función o comportamiento.

La escuela anglosajona moderna 14 revitalizó estos conceptos en el contexto de los síntomas esquizofrénicos, aunque el uso de los conceptos de positivo y negativo no implicaba necesariamente la aceptación de los conceptos de Jackson en su sentido original. Previamente, a finales de los 50, algunos autores como Venables y Wing manejaron conceptos muy próximos a los de positivo-negativo, aunque con otra denominación (actividad-retraimiento) 15.

En 1974, Strauss, Carpenter y Bartko llevaron a cabo un estudio dirigido a la comprensión de la relación entre los síntomas y el concepto de esquizofrenia. Partieron del modelo anatomoclínico de enfermedad basado en la aceptación implícita de que los síntomas son las manifestaciones externas de los trastornos esquizofrénicos y de que dichas manifestaciones sirven para identificar los procesos patológicos subyacentes. Concluyeron que las manifestaciones de los trastornos esquizofrénicos pueden agruparse en tres grupos de síntomas: síntomas positivos (delirios, alucinaciones, comportamientos catatónicos y algunas formas de trastornos formales del pensamiento, como la distraibilidad), con poco poder predictivo sobre evolución y antecedentes familiares; síntomas negativos (afecto embotado, apatía y algunas formas de trastornos formales del pensamiento, como el bloqueo), grupo de síntomas relacionados con la cronicidad del trastorno; y trastornos de las relaciones personales, que se evidenciaría como una dimensión relativamente independiente de las dos anteriores. Estos tres procesos se relacionarían con alteraciones subyacentes diferenciadas. Además, como contribución marginal al estudio pero de gran interés para la psicopatología actual, encontraron que la falta de conciencia de enfermedad no se podía englobar en ninguna de estas tres dimensiones mencionadas 16.

Posteriormente, Crow en su clasificación de los trastornos esquizofrénicos, incluyó los síntomas positivos como característica de las esquizofrenias tipo I y los síntomas negativos en las esquizofrenias tipo II 17. Por su parte Andreasen y Olsen desarrollaron unos criterios clínicos específicos, dependiendo de la intensidad de los síntomas positivos y negativos para la clasificación de los trastornos en tres grandes grupos: esquizofrenia positiva, negativa y mixta. La dicotomía positivo-negativo se planteó ya desde sus orígenes con una finalidad clasificatoria de los trastornos esquizofrénicos y como método de cuantificación de los síntomas 18,19 (Tabla 2).

Tabla 2. Concepto funcional asociado a los síntomas positivos y negativos.

Strauss et al. (1974)

Procesos semiindependientes

Crow (1980, 1985)

Evolucionó desde una concepción de procesos independientes a procesos semiindependientes

Andreasen (1982, 1995)

Similar evolución conceptual a la de Crow, desde procesos independientes a semiindependientes

Aproximaciones categoriales y dimensionales

Los sistemas tipológicos se derivan principalmente de los modelos médicos y propugnan la existencia de enfermedades discretas 20 presuponiendo una patofisiología o etiología diferente para cada enfermedad. Es un sistema clasificatorio con categorías excluyentes. Para el caso de la distinción positiva-negativa, las esquizofrenias se clasificarían en los dos grupos excluyentes y se les atribuiría una patofisiología o etiología diferente. Sin embargo, no se ha demostrado que tal delimitación refleje una etiología diferente, ni que los grupos sean estables en el tiempo, ni tampoco se ha solucionado la elevada proporción de casos mixtos al ser clasificados de esta forma. Muchas de estas dificultades han provocado que esta clasificación haya caído en desuso. Realmente más que un modelo dicotómico fue en su origen un modelo de tres categorías ya que contemplaba un grupo mixto cuando se cumplían las características de ambos grupos. En un estudio propio 21 encontramos que sobre 115 pacientes esquizofrénicos el grupo mixto lo conformaban más del 50% de los pacientes (n=61, 53%).

Por otro lado, los sistemas dimensionales provienen originalmente de la psicología y las dimensiones son continuas, clasificándose los síntomas, no los pacientes. Las dimensiones no son excluyentes y pueden ser aditivas. Estos sistemas plantean problemas a la hora de delimitar los trastornos, pero dan una imagen más real de los cuadros clínicos que presentan los pacientes. El modelo dimensional precisa de escalas de cuantificación específicas y no sirve para finalidades diagnósticas.

El enfoque dimensional sobre los síntomas positivos y negativos ha sido el más desarrollado y el más influyente en la clínica e investigación de los trastornos esquizofrénicos. Ha redundado de forma provechosa para la exploración psicopatológica de los pacientes psicóticos ya que se han desarrollado numerosos instrumentos de evaluación a partir del modelo de síntomas positivos y negativos.

Instrumentos de evaluación de los síntomas positivos y negativos

Existen diferentes instrumentos para la evaluación de síntomas positivos y negativos que pueden clasificarse de una forma sinóptica según el método empleado para la evaluación y en función del tipo de síntomas que incluyan.

Debido a su origen, la mayor parte de los síntomas positivos y negativos se pueden evaluar mediante inventarios psicopatológicos generales, como el AMDP 22 y el CPRS 23. También se pueden evaluar mediante las entrevistas semiestructuradas para trastornos psiquiátricos (PSE 24, y SADS 25), aunque no son específicas para ello ni incluyen todos los síntomas positivos y negativos. Tan sólo existe una entrevista semiestructurada que evalúa los síntomas positivos y negativos, junto con otros síntomas presentes en los trastornos psicóticos mayores como los catatónicos y los afectivos que es el CASH 26.

Dentro de las escalas para la evaluación de los síntomas positivos y negativos, el BPRS en su versión de 18 ítems es una escala que permite la evaluación de síntomas positivos y negativos en el contexto de otros síntomas psiquiátricos 27. Sin embargo, es una escala pobre para la evaluación de los síntomas negativos ya que tan sólo evalúa tres, no incluyendo síntomas tan importantes como la alogia o abulia.

La escala de Krawiecka o escala de Manchester fue el primer instrumento para el estudio de síntomas positivos y negativos 28; ha sido validada para nuestro país 29,30. La escala tiene adecuadas propiedades psicométricas en su composición y es fácil de aplicar, pero está limitada por el escaso número de síntomas positivos y negativos que se evalúan. Esta escala sirvió de base al desarrollo clínico de los estudios ingleses que sirvieron de fundamento a las hipótesis de Crow 31.

Por último, hay que resaltar las escalas específicas de evaluación de los síntomas positivos y negativos, que son las escalas de Andreasen SAPS y SANS y la escala PANSS 32.

Las escalas SAPS y SANS fueron originalmente concebidas para tratar de relacionar la clínica de los trastornos esquizofrénicos con sus substratos neurobiológicos 33, así como para el estudio diagnóstico y nosológico de dichos trastornos. Se componen de 50 síntomas y signos individuales, pertenecientes a 9 grandes grupos, 4 positivos (alucinaciones, delirios, conducta bizarra y trastorno formal del pensamiento) y 5 negativos (afecto embotado, alogia, abulia, anhedonia-insociabilidad y trastornos de la atención). Inicialmente se incluían los síntomas catatónicos dentro de los positivos pero fueron suprimidos debido a su baja correlación con dichos síntomas.

La escala PANSS fue diseñada para obviar algunas posibles deficiencias metodológicas de las anteriores. Su composición es pareada, se compone de 7 síntomas positivos y 7 negativos, y además se evalúan 16 síntomas de psicopatología general. Permite una evaluación cuantitativa y a la vez clasificatoria de las esquizofrenias (esquizofrenias positivas y negativas).

De forma comparativa, tanto la SAPS/SANS como la PANSS tienen mejores propiedades psicométricas que la escala de Krawiecka 34. La escala PANSS proporciona mejores puntos de anclaje y siempre se evalúa de forma semiestructurada 35. Como inconvenientes tiene que su síndrome positivo es muy heterogéneo, aunque el negativo es marcadamente nuclear 36. Sin embargo, el síntoma de afectividad inapropiada no está bien representado, y se ha sugerido su evaluación como un ítem complementario. Existe una versión de la PANSS que se realiza en base a una entrevista estructurada para el DSM-IIIR (SCID-PANSS 37). Para la PANSS existen valores normativos de rangos y percentiles 38.

MODELOS DIMENSIONALES

El modelo trisindrómico

Los primeros instrumentos diseñados específicamente para evaluar los síntomas positivos y negativos fueron respectivamente las escalas SAPS y SANS. Los síntomas negativos y positivos tenían una elevada consistencia interna, si bien esta fue relativamente modesta en el caso de los positivos.

El primer análisis factorial de las subescalas SAPS/SANS encontró una estructura trifactorial de los síntomas que componen dichas escalas 39. La validez del constructo de síntomas positivos y negativos comenzaba a cuestionarse. Desde entonces, se han publicado numerosos análisis factoriales de dichas escalas; la mayoría han constatado la agrupación natural de los síntomas esquizofrénicos en torno a tres factores o síndromes dimensionales 40: psicosis (delirios, alucinaciones), desorganización (trastornos formales del pensamiento, conducta extraña, afectividad inapropiada) y negativo (embotamiento afectivo, alogia, apatía y anhedonia-insociabilidad). Este modelo trisindrómico y dimensional ha sido recogido en el DSM-IV como un sistema alternativo para la evaluación de la esquizofrenia.

El paso de una concepción dicotómica de los síntomas positivos y negativos a una trisindrómica, ha conllevado dos avances fundamentales. El primero ha sido el paso de una visión categorial a otra dimensional de la fenomenología esquizofrénica, y el segundo la transformación de un modelo bidimensional, en modelos tridimensionales e incluso multidimensionales. El análisis factorial de otras escalas de síntomas esquizofrénicos tales como la BPRS 41, la escala de Krawiecka 42 y la escala PANSS 43 también ha demostrado la existencia de al menos tres síndromes dimensionales de similar composición sintomática que los derivados de las escalas SAPS y SANS. Con la escala PANSS se han desarrollado modelos multidimensionales más complejos 44, aunque actualmente existe un cierto consenso 45 de que la escala comprende cinco síndromes: psicosis, desorganización, negativo, excitación y afectivo.

El modelo trisindrómico dimensional de la esquizofrenia tiene importantes implicaciones, tanto en la clínica como en investigación: 1) al igual que el modelo dicotómico, se supone que los tres agrupamientos sintomáticos son la expresión clínica de procesos fisiopatológicos diferentes 46,47; 2) los tres síndromes tienen un carácter dimensional, pueden coexistir todos ellos en un mismo paciente y pueden predominar uno sobre los demás configurando perfiles clínicos más o menos puros; 3) el carácter dimensional de los síndromes hace que éstos puedan ser estudiados mas allá de las categorías diagnósticas (ver el siguiente apartado); 4) Como consecuencia de lo anterior, y en contraste con las subclasificaciones categoriales, los síndromes dimensionales tienen un carácter aditivo y no excluyente por lo que pueden estudiarse en todos los pacientes sin pérdida de información.

Además, el modelo trisindrómico tiene un importante valor heurístico, ya que es relativamente equivalente desde un punto de vista dimensional a los subtipos clásicos de la esquizofrenia y al peso que históricamente se ha concedido por diferentes autores al valor diagnóstico de los tres agrupamientos sintomáticos.

El modelo trisindrómico en las psicosis funcionales

Aunque determinados síntomas pueden tener un cierto valor diagnóstico dentro de las psicosis funcionales 48, es un hecho bien establecido que no hay síntomas patognomónicos de la esquizofrenia 49 y que no existe una clara separación bimodal entre las psicosis esquizofrénica y afectiva en base a sus manifestaciones clínicas 50. Teniendo en cuenta estos datos, se podrían plantear las siguientes hipótesis: 1) el modelo trisindrómico de la esquizofrenia es replicable en las psicosis no esquizofrénicas, y 2) las dimensiones individuales no son específicas de trastornos psicóticos determinados. Nuestro grupo ha realizado un estudio al objeto de evaluar ambas hipótesis en una muestra de 314 pacientes que presentaban todo el espectro de las psicosis funcionales según criterios DSM-IIIR. La primera hipótesis pudo ser confirmada, al encontrarse una estructura trisindrómica muy similar a la de la esquizofrenia en tres grupos de pacientes, un primer grupo con trastornos esquizofreniformes, un segundo con psicosis afectivas (esquizoafectivas y trastornos del humor con síntomas psicóticos) y un tercer grupo compuesto por psicosis reactiva breve, trastorno delirante y psicosis atípica 51.

La hipótesis de la inespecificidad diagnóstica de los tres síndromes dentro de las psicosis funcionales también pudo ser comprobada. En la figura 1 está representada la intensidad de los síndromes de psicosis, desorganización y negativo en todo el espectro de psicosis funcionales. Como se puede observar, la intensidad de cada síndrome fue similar en todos los trastornos. Las excepciones se dieron, como era esperable, en la psicosis reactiva breve (menor intensidad del síndrome negativo) y en el trastorno delirante (menor intensidad de los síndromes negativo y de desorganización). Estos resultados tienen importancia teórica, ya que claramente muestran una dimensionalidad de la psicopatología en todo el espectro de las psicosis funcionales, y apoyan de forma inequívoca la hipótesis

ANALES DEL 
SISTEMA SANITARIO DE NAVARRA

Esq=esquizofrenia, EF=trastorno esquizofreniforne, Af=Trastorno afectivo, Del=trastorno delirante, PRB=psicosis reactiva breve, PA=psicosis atípica Fuente: Peralta et al., 1997.
Figura 1. Intensidad de los síndromes de psicosis, desorganización y negativo en los diferentes tipos de psicosis funcionales.

Una vez demostrado que el modelo trisindrómico tiene validez clínica y estadística mas allá de las categorías diagnósticas, el siguiente reto consistirá en demostrar su validez fisiopatológica independientemente también de las categorías diagnósticas. A este respecto, hay muy pocos estudios empíricos, pero los existentes son muy sugestivos. Así por ejemplo, se ha encontrado que la dilatación de los ventrículos laterales 52 y la disfunción prefrontal 53 están relacionados con los síntomas negativos independientemente del tipo de psicosis. Se encontró también que los síndromes de psicosis y desorganización respondieron a los neurolépticos de una forma similar independientemente del tipo de trastorno psicótico. Estos ejemplos apoyan la sugestiva hipótesis de que los síndromes de psicosis, desorganización y negativo pueden tener una realidad biológica mas allá de las categorías diagnósticas.

El modelo tetradimensional

Nuestro grupo ha estudiado un modelo tetradimensional de los síntomas esquizofrénicos evaluados con las escalas SAPS/SANS mediante análisis factorial confirmatorio en una muestra de 253 pacientes 54. El modelo de 4 dimensiones se basó por una parte en el bien contrastado modelo tridimensional, y por otra, en la distinción que se hizo en un principio entre síntomas negativos y los trastornos de las relaciones interpersonales. La composición sintomática y la correlación entre las dimensiones de este modelo se muestra en la figura 2.

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Fuente: Peralta et al. (1994).
Figura 2. El modelo tetradimensional de la esquizofrenia.

El análisis estadístico comparativo de este modelo reveló un ajuste prácticamente perfecto a los datos, siendo significativamente superior a los modelos uni, bi y tridimensionales. El modelo de 4 dimensiones fue comparativamente mejor en términos de parsimonia, significación estadística e interpretación sustantiva. A diferencia de las dimensiones de psicosis, desorganización y negativa, que se supone son la expresión de diferentes procesos fisiopatológicos, la dimensión de disfunción social o relacional para otros autores 55 tenía su propio curso longitudinal en la que estarían implicados diversos factores psicosociales. En este modelo, la disfunción social está estrechamente relacionada con el síndrome negativo (r=0,57).

Este modelo tiene una especial importancia desde el punto de vista conceptual, ya que algunos autores 56 mantienen que el concepto de síntomas positivos versus negativos continúa siendo válido, a pesar de admitir la existencia de al menos tres síndromes en la esquizofrenia. Estos autores sostienen que los síndromes de psicosis y desorganización son subsíndromes de tipo positivo. Si esta hipótesis fuera cierta, los síndromes de psicosis y desorganización deberían estar estrecha y positivamente correlacionados. Sin embargo, si nos fijamos en las intercorrelaciones (Fig. 2), se puede observar que la correlación entre los síndromes de psicosis y desorganización (r=-0,24), no sólo es poco relevante sino de tipo inverso, lo que entra en contradicción con la hipótesis de que ambos síndromes pertenecen al orden de lo "positivo". Resultados muy similares a los nuestros han sido publicados en una muestra de pacientes esquizofrénicos en remisión 57. Ambos estudios indican claramente que, en el plano empírico, la simple subdivisión de los síntomas esquizofrénicos en positivos y negativos es insostenible.

Hemos propuesto tres diferentes niveles de comprensión de los síntomas positivos y negativos. A nivel conceptual los síntomas positivos y negativos pueden ser entendidos como constructos de tercer orden que reflejan dos tipos de psicopatología: productiva y deficitaria 58,59. A nivel clínico, los síntomas positivos se expresan como síndromes de psicosis y de desorganización (que no están necesariamente asociados), y los síntomas negativos como un síndrome negativo propiamente dicho y otro de disfunción social. Por último, a un nivel más molecular y psicométrico -que representa el análisis a nivel de ítem-, los síntomas positivos y negativos se entienden mejor como constructos multidimensionales, cuya estructura última está aún por definir.

Otras dimensiones psicopatológicas

Numerosas dimensiones clínicas de indudable valor teórico y clínico se han postergado en los últimos 20 años. Al igual que las dimensiones previamente expuestas, estas otras dimensiones también se caracterizan por estar compuestas por grupos de síntomas estrechamente relacionados entre sí. Seguidamente examinaremos de forma breve algunas de ellas.

Síndrome afectivo. Los síntomas depresivos y maníacos fueron descritos como trastornos primarios de la esquizofrenia tanto por Kraepelin como por Bleuler. De especial importancia son los primeros ya que son muy prevalentes y se han asociado con el riesgo de suicidio de la enfermedad. La prevalencia de los síntomas depresivos oscila entre un 19 y un 81% dependiendo del estadio de la enfermedad que se considere 60.

Síndrome catatónico. Es un hecho bien establecido que la esquizofrenia catatónica es mucho menos prevalente que a principios de siglo. Esto ha desarrollado la creencia de que los trastornos motores prácticamente han desaparecido, lo que ha conducido al abandono de la exploración sistemática de este tipo de síntomas. Nada más lejos de la realidad clínica, los trastornos motores han disminuído de intensidad (y por eso no llegan a configurar un subtipo de esquizofrenia), pero su prevalencia sigue siendo relativamente alta. Así por ejemplo, un 17% de los pacientes psicóticos que ingresan en una unidad de agudos presentan un síndrome catatónico 61.

Síndrome cognitivo subjetivo. Denominamos así a una gran variedad de síntomas muy prevalentes que son verbalizados por los pacientes y raramente explorados. La mayoría de estos síntomas son experiencias de tipo cognitivo de áreas tales como pérdida de control, percepción, lenguaje, pensamiento, motórica, pérdida de automatismo y sobreestimulación sensorial 62. Algunos autores 63 califican a estos trastornos de `básicos' ya que se supone que son la expresión más directa de un hipotético sustrato orgánico de la enfermedad. Se ha demostrado que estos síntomas constituyen por sí mismos un síndrome clínico muy cohesionado 64,65 con un probable sustrato neurobiológico 66.

Falta de conciencia de enfermedad. Este es un síntoma o grupo de síntomas sobre el que actualmente existe un consenso de que está compuesto por tres componentes que se solapan: falta de conciencia de la enfermedad, falta de conciencia de síntomas individuales y falta de cooperación con el tratamiento 67,68. Esta dimensión psicopatológica tiene una indudable importancia sobre el tratamiento y pronóstico de la esquizofrenia, y actualmente existe un debate sobre su asociación 69 o no con una disfunción frontal 70.

Síndrome neurológico. Las alteraciones neurológicas de la esquizofrenia son conocidas desde las descripciones clásicas de la enfermedad 71, y recientemente han sido propuestas como una dimensión primaria de la esquizofrenia 72. Incluyen tanto signos neurológicos blandos como movimientos anormales. Se ha demostrado que los síntomas neurológicos están presentes desde las fases iniciales de la enfermedad y que no están asociadas con el tratamiento neuroléptico 73,74. Se ha señalado que los signos neurológicos blandos pueden ser un buen índice de deterioro cognitivo de la esquizofrenia 75.

Otros síntomas de la esquizofrenia. La descripción clínica de la esquizofrenia no se agota en todas las dimensiones anteriormente descritas. En realidad, prácticamente cualquier trastorno psicopatológico puede encontrarse en esta enfermedad 76. Así, entre otros, se han descrito síntomas de despersonalización, obsesivos, de angustia, trastornos del control de los impulsos y conductas de automedicación que, si bien no tienen valor diagnóstico, pueden dominar el cuadro clínico del paciente y requerir enfoques terapéuticos específicos.

DIRECCIONES FUTURAS EN LA INVESTIGACIÓN PSICOPATOLÓGICA DE LA ESQUIZOFRENIA

Evolución de las principales escuelas psicopatológicas hasta el momento actual

Las clasificaciones internacionales confeccionadas por el consenso de la mayor parte de los psiquiatras, provienen del legado recibido de los 4 autores más influyentes de la psiquiatría clásica (Kraepelin , Bleuler, Jaspers y Schneider). Otros enfoques categoriales, como el de la escuela francesa, tan sólo se sigue empleando en el ámbito francés. La herencia recibida de la escuela de Wernicke-Kleist-Leonhard sigue siendo de gran interés heurístico y recientemente vuelve a reconsiderarse, tanto en los aspectos clínicos, como de clasificación (véase la introducción de los trastornos psicóticos polimorfos en la CIE 10ª) y también en la investigación 77. Por último, la clasificación en esquizofrenias tipo positivo o negativo actualmente está en desuso.

La introducción en el DSM-IV de una evaluación tridimensional de los trastornos esquizofrénicos ha supuesto la consolidación de los modelos trisindrómicos en la clínica psiquiátrica. Sin embargo, donde mayor relevancia están teniendo los enfoques dimensionales es sobre todo en investigación, debido en gran parte a las hipótesis que sostienen que existen correlatos neurobiológicos subyacentes a las dimensiones esquizofrénicas.

Desde la perspectiva de enfermedad, el cuerpo doctrinal de la Psicosis Única tiene una influencia reducida en el mundo psiquiátrico actual, aunque cualitativamente significativa 78,79.

Por último, hay planteamientos interesantes en los análisis a nivel de síntoma. Se está desarrollando un reanálisis histórico-conceptual 80 de los síntomas psiquiátricos con la finalidad de diseñar nuevos instrumentos de evaluación y se está proponiendo la construcción de una nueva psicopatología, más acorde con la clínica e investigación actual.

Otra corriente de pensamiento propugna el estudio de las expresiones clínicas más elementales, es decir los síntomas individuales en vez de los síndromes. Esta aproximación se basa en que el análisis de los síntomas a partir del funcionamiento cognitivo normal proporciona modelos clínicos más comprensivos y más útiles para la planificación terapéutica 81 (Tabla 3).

Tabla 3. Evolución de las principales escuelas psicopatológicas hasta el momento actual.
PERSPECTIVA CATEGORIAL
Enfoque clásicos  
Escuela de Kraepelin/Bleuler/Jaspers/Schneider CIE y DSM-IV
Escuela de Wernicke-Kleist-Leonhard Desarrollo minoritario
Escuela francesa Influencia ámbito francófono
Esquizofrenias positivas y negativas No ha sido validado este sistema clasificatorio

PERSPECTIVA DIMENSIONAL

A nivel de

Psicosis única

Teoría recientemente enfermedades revitalizada (Crow, Kendell)

A nivel de síndromes

Positivos/negativos

Modelos 3 síndromes

Síndromes multidimensionales

Subdimensionalización

A nivel de síntomas

Análisis de los síntomas

Desarrollo de una nueva psicopatología (Berrios)

Análisis de síntomas individuales (Bentall, Garety, Costello, Persons)

Direcciones futuras en la evaluación clínica

Hasta la fecha no se han diseñado instrumentos adecuados para evaluar todas las dimensiones psicopatológicas de la esquizofrenia. Actualmente la derivación de las dimensiones se hace mediante la suma ponderada de grupos de síntomas de las escalas de síntomas positivos y negativos, o bien, mediante el empleo simultáneo de varios instrumentos de evaluación.

Los instrumentos de evaluación actuales no establecen una jerarquía entre los síntomas. Además, se presupone que los síntomas subjetivos, los observados, y los explorados tienen el mismo valor (p.e. diagnóstico) cuando esto no está demostrado.

Un problema muy importante y que ha recibido poca atención es el de la contaminación de la exploración psicopatológica por el diagnóstico. Se ha señalado 82 que los esquemas diagnósticos preconcebidos tienen una gran importancia en la denominación de síntomas. Existe la necesidad de una aproximación ateórica a la psicopatología descriptiva, no contaminada por conceptos diagnósticos o nosológicos previos, que no dejan de ser arbitrarios.

En cuanto a la aproximación multidimensional, el modelo más aceptado es el trisindrómico, aunque no captura suficientemente la riqueza psicopatológica de la esquizofrenia. Se deberán examinar los correlatos clínicos de las distintas dimensiones (influencia de las variables psicosociales, respuesta al tratamiento, cronicidad, valor pronóstico) y su hipotético sustrato neurobiológico. Entre algunas dimensiones de la personalidad premórbida y las dimensiones de las psicosis funcionales, se ha sugerido la existencia de un continuum 83. Futuras investigaciones deberán establecer si este continuum tiene su base en un mismo sustrato neurobiológico 84.


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