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Obesidad infantil Childhood obesity M. Chueca, C. Azcona1, M. Oyarzábal Unidad de Endocrinología Pediátrica. Departamento de Pediatría. Hospital Virgen del Camino. Pamplona. |
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Su tratamiento es difícil y muchas veces refractario. A pesar de las dificultades en el tratamiento de la obesidad, es necesario insistir en él, debido a las consecuencias tan negativas que tiene la obesidad, tanto en la salud médica como psicológica del niño y del adolescente. Por lo tanto es necesario actuar cuanto antes y estar convencidos de que el niño obeso pierda el exceso de grasa y aprenda qué es una alimentación y estilo de vida saludables5. En este sentido, es esencial trabajar en la prevención de la obesidad, concienciando a los pediatras, enfermeras, educadores y padres de la importancia de la educación nutricional de los niños desde las edades más tempranas.
DEFINICIÓN Y CRITERIOS DIAGNÓSTICOS Debido a las limitaciones mencionadas del IMC para discernir qué compartimento está originando el aumento o descenso del mismo, se deben de utilizar otros métodos de medición que valoren la composición corporal, como son la pletismografía por desplazamiento de aire, absorciometría dual de rayos X y la impedanciometría11. Expondremos brevemente en qué consiste el método de pletismografía por desplazamiento de aire, dadas las ventajas que este método ofrece en la práctica clínica pediátrica actual en lo que concierne al diagnóstico y seguimiento de la obesidad. Este método tiene sus bases en la hidrodensitometría, método de referencia establecido para determinar la densidad corporal12. La densidad corporal se mide como la masa del organismo en el aire dividida por el volumen del tejido corporal. La masa del organismo se determina mediante un volúmetro corporal que mide el volumen de agua desplazado por el sujeto al ser sumergido en un tanque de agua. Así, las proporciones de masa grasa y masa libre de grasa pueden obtenerse conociendo la densidad según el principio de Arquímedes y asumiendo densidades constantes para la masa grasa y masa libre de grasa. Este método presenta una serie de limitaciones como son la falta de cooperación por parte de niño, y la dificultad que conlleva la obesidad para la inmersión. El reciente desarrollo de la pletismografía por desplazamiento del aire corporal total (mediante sistema BOD-POD) ofrece una ventajosa alternativa a la hidrodensitometría, para determinar el volumen corporal ya que es minimamente invasiva, no requiere personal altamente cualificado y además ha sido validada en niños13. La medición del pliegue subcutáneo tricipital por encima del percentil 95 ó > 2DS también se ha utilizado como definición de obesidad, debido a que la grasa subcutánea constituye el 50% de la masa grasa corporal total, pero tiene también sus limitaciones para cuantificar con precisión la masa grasa. No sólo es importante la cuantificación de la grasa corporal sino también conocer su patrón de distribución corporal (central/periférica) ya que se correlaciona con las anomalías metabólicas presentes en la obesidad, más que con el grado de adiposidad14. Es interesante destacar que el patrón de distibución corporal de la grasa se observa, no sólo en la vida adulta, sino que está presente desde la adolescencia15. La distribución corporal de la grasa se puede determinar utilizando distintos índices como son: el Índice cintura/cadera, la relación pliegue tricipital/pliegue subescapular y el índice de centralidad16-19.
CLASIFICACIÓN DE LA OBESIDAD
PREVALENCIA
ETIOPATOGÉNESIS
Factores genéticos Es probable que el contenido corporal de grasa esté modulado a lo largo de la vida de una persona mediante una diversidad de efectos surgidos de interacciones entre genes, factores ambientales y estilo de vida. Estos efectos son el resultado de las diferencias en sensibilidad a la exposición al ambiente según la individualidad genética y a los diferentes estilos de vida de un individuo a otro. Así lo propone el modelo de herencia multifactorial de Bouchard que describe lo anterior según la fórmula siguiente: P = G+A+G*A+e, donde P = fenotipo de obesidad, G = efecto de genes aditivos, A = factores ambientales y estilo de vida, G*A = interacción genotipo y ambiente y e = error28. Entre los genes que se han propuesto como candidatos a “genes de la obesidad” (Tabla 1) cabe destacar los que codifican las siguientes proteínas o receptores32,33: leptina (LepEl)34/(Lep-R), las proteínas desacoplantes o “uncoupling proteins” (UCPs: UCP1, UCP2 y UCP3), el receptor b-3-adrenérgico (ADR-B3)35-38, la Pro-opiomelanocortina (POMC)39, melanocortina (MCR)40,41 y el neuropéptido Y (NPY)42,43.
Factores ambientales Factores neuroendocrinos Factores relacionados con el gasto energético El efecto térmico de los alimentos es el aumento en el GET observado tras una comida, debido a la energía utilizada en la digestión, absorción, distribución, excreción y almacenamiento de los nutrientes. En una dieta variada la termogénesis no supera el 10% del gasto energético total. Las proteínas utilizan el 15-25% y los glúcidos el 8-12%. En niños y adolescentes no se encuentran diferencias entre los obesos y no obesos50. El coste energético de la actividad física es el tercer componente mayor del GET. Los datos sobre el nivel de actividad física en niños obesos son contradictorios. Algunos estudios han encontrado que el gasto energético fuera del hogar y en el patio del colegio es mayor en obesos que en no
obesos51. COMPLICACIONES DE LA OBESIDAD Es también un gran problema encontrar vestimenta para los niños obesos, ya que es difícil que encuentren ropas de moda adecuadas para su talla. Además, estos niños presentan frecuentemente alteraciones del comportamiento, síntomas de depresión y ansiedad. Es difícil saber si estos trastornos psicológicos preceden a la obesidad o son consecuencia de la misma. Morbilidad médica El síndrome metabólico-vascular asocia obesidad, hipertensión, dislipidemia e insulinorresistencia55. La mayor incidencia de enfermedad cardiovascular en personas obesas es el resultado en su mayor parte de la asociación de estos tres factores de riesgo, dislipidemia, insulino-resistencia, e hipertensión, probablemente en un individuo también con una predisposición genética a padecer enfermedad cardiovascular. Dicha incidencia puede aumentar, si se asocian otros factores de riesgo cardiovascular, muchas veces presentes en los adolescentes obesos, como son el sedentarismo o falta de actividad física y tabaquismo. Las personas afectas de obesidad tienen más tendencia a padecer hipertensión que los no obesos. En adultos de 20 a 45 años la obesidad aumenta el riesgo de hipertensión en 4 a 6 veces y de 45 a 75 años lo dobla. Los niños afectos de obesidad tienen niveles séricos más elevados de apoproteínas (APO-A1, APO-B), colesterol total y LDL-colesterol y, sin embargo, los niveles séricos de HDL-colesterol son más bajos en los obesos, hecho que constituye un riesgo de enfermedad cardiovascular independientemente de las concentraciones de LDL-colesterol. El riesgo relativo de hipercolesterolemia es de 1,5 veces mayor en los obesos que en las personas delgadas. Todos estos parámetros se normalizan tras la pérdida de peso, de ahí la importancia de tratar de forma precoz la obesidad. La detección precoz de insulino-resistencia y diabetes mellitus tipo 2 en niños y adolescentes obesos es uno de los objetivos más importantes en la prevención de las complicaciones de la obesidad. La asociación entre obesidad y diabetes mellitus tipo 2 se conoce desde hace muchos años. Los datos del National Health Nutrition Examination Survey III indican que el riesgo relativo de desarrollar diabetes es 2,9 veces mayor en personas obesas de 20 a 75 años. El riesgo relativo de los de 2 a 45 años es 3,8 veces mayor y de 45 a 75 años es de 2,156. Todavía no disponemos de cifras de incidencia y prevalencia de esta patología en los niños de nuestro país. La diabetes mellitus tipo 2 aparece cuando la demanda de insulina de ciertos individuos predispuestos supera la capacidad secretora de insulina de su páncreas. La obesidad a largo plazo puede conducir a trastornos del aparato digestivo y del hígado como son la colelitiasis y la esteatosis hepática. En niños se puede observar cuando la obesidad es muy severa. Muchos niños afectos de obesidad presentan estreñimiento, que probablemente está en relación con la falta de ejercicio físico o con una alimentación inadecuada con escaso aporte de fibra. Los niños y adolescentes afectos de obesidad pueden presentar alteraciones del desarrollo puberal como las que se mencionan a continuación: Son también importantes las repercusiones que la obesidad tiene sobre la función pulmonar. Estos niños pueden presentar disnea de esfuerzo ante el ejercicio físico moderado e incluso insuficiencia respiratoria con intoxicación por dióxido de carbono, característica propia del síndrome de Pickwick, que se observa en los casos extremos de obesidad. En casos de obesidad severa-moderada los índices espirométricos están alterados y existe un aumento en las infecciones respiratorias. Además la obesidad favorece el broncoespasmo y empeora las crisis de asma. Muchas veces presentan también, apnea durante el sueño. Los niños obesos tienen un nivel de actividad física disminuido. Se cansan antes que sus compañeros y no pueden competir con ellos. Por último, pero no menos importante es la patología osteoarticular secundaria al excesivo peso que tienen que soportar las articulaciones. Ya durante la infancia, el exceso de peso que acompaña a ésta constituye una sobrecarga para el aparato locomotor, siendo frecuente encontrar en los niños obesos algunos trastornos ortopédicos, como el Genu valgum y la epifisiolisis de la cabeza femoral, pie plano, escoliosis, coxa vara y enfermedad de Perthes. TRATAMIENTO Partimos del hecho de que cualquier tratamiento que inicie el paciente exige aceptación y disciplina; en ningún caso deberemos imponer la restricción alimentaria como castigo. Nos vamos a encontrar con problemas debido a que la obesidad es una enfermedad multifactorial, crónica, cuyo tratamiento es multidisciplinar (médicos, dietistas, enfermeras, educadoras, psicólogo) y complejo ya que si se abandona, se vuelve al punto inicial. Esto requiere un esfuerzo considerable que debe realizarse en atención primaria, teniendo unos objetivos (Tabla 2) y siguiendo unas medidas básicas (Tabla 3), en colaboración con el hospital de referencia.
Antes de plantearnos el tratamiento de la obesidad valoraremos si estos niños toman una alimentación correcta. En la mayoría de los casos, pues, es suficiente con estabilizar el peso y no debe pretenderse una reducción ponderal ya que el incremento de masa muscular asociado al crecimiento, permitirán en muchas ocasiones normalizar el peso corporal. Hay que asegurarse una ingesta suficiente de energía y nutrientes con el fin de preservar el crecimiento y el desarrollo físico e intelectual. Promover el aumento del consumo de frutas verduras, hidratos de carbono complejos y disminuir la ingesta de bebidas azucaradas y de alimentos ricos en grasas (bollería, fritos, aperitivos...). En esta etapa el tratamiento debe incluir a toda la familia ya que los padres desempeñan un papel importante en el cambio de hábitos. En algunas personas bastará que aprendan a realizar todas las comidas del día (sin saltarse ninguna, pues esto les lleva después a tomar abundates “extras”), disfrutar comiendo menos cantidad y más despacio de una forma ligera, sana y equilibrada. Además, se debe intentar sustituir una parte del tiempo dedicado a la televisión o al ordenador por un incremento de la actividad física. Una vez revisado el plan, si éste cumple las condiciones se debe aconsejar adherirse a una pauta de alimentación. Realizaremos, en primer lugar, una anamnesis completa para poder adecuar la dieta a cada niño según una serie de variables como edad, sexo, peso, actividad física, horario de estudios, vida social, y clima.
La actitud a seguir ante un niño-adolescente que acude al médico va a variar en función de su sobrepeso y/u obesidad de la siguiente forma: – En caso de que no exista un sobrepeso importante, pero la ganancia de peso ha sido excesiva en poco tiempo, se debe recomendar desde la consulta de atención primaria una alimentación ligeramente hipocalórica, con un contenido limitado en grasas e incrementar la actividad física; si el resultado es satisfactorio, seguir la evolución. En caso contrario hacer un seguimiento más personalizado e intensificado (implicando a enfermería, padres) y volver a evaluar el problema. Si éste no mejora habrá que pensar en que el paciente sea valorado en atención especializada. – Si el sobrepeso es más importante valorar también la existencia de otros factores de riesgo cardiovascular asociados (dislipemias, diabetes, HTA); utilizar medidas dietéticas, aumento de la actividad física y modificación conductual adecuadas a cada paciente. – En pacientes con obesidad moderada la primera intervención sería similar al punto anterior y si fracasa se referirá a un centro especializado. En situaciones de obesidad mórbida y extrema habrá que remitir al paciente a la unidades hospitalarias específicas, empleando medidas terapéuticas excepcionales (dietas de bajo contenido calórico, fármacos e incluso podría utilizarse la cirugía bariátrica). Variaciones según la
edad58 En niños preescolares se debe recomendar una alimentación isocalórica y equilibrada, siguiendo la fórmula: nº de calorías = 1.000 + (100 x nº de años). Se valorará el tipo de comidas, así como la cantidad y frecuencia de la ingesta, en sentido no sólo negativo. Se aconsejará la realización de algún deporte. En niños escolares se debe recomendar una dieta isocalórica para su edad, (durante un tiempo puede hacerse una restricción calórica del 20-25% para pasar después a una dieta isocalórica), suprimiendo el azúcar y los alimentos basura. Se puede utilizar leche semidesnatada. Se aconsejará la realización de algún deporte. Es útil que el niño anote, de vez en cuando, los alimentos ingeridos y sus cantidades en una libreta que la traerá al médico en las revisiones. En adolescentes la dieta puede contener un 25% de calorías menos de las recomendadas, siendo aconsejable realizar una alimentación equilibrada. La actividad física incluirá la realización de algún deporte. Se debe hacer partícipe tanto en los cambios introducidos en la alimentación como en la actividad física a la familia. A veces es necesario la integración en grupos de terapia. En algunos casos parece preferible iniciar el tratamiento con una dieta relativamente estricta ya que la pérdida de peso inicial anima al paciente y a su familia a seguirla. EJERCICIO Hay que hacer, en primer lugar, una valoración de la actividad física del niño. La intensa actividad espontánea de los niños más pequeños hace que en ellos no sea obligado un programa especial de actividad física. En el niño un poco mayor hay que intentar promover actividades lúdico-deportivas en grupo y disminuir las horas dedicadas a ver la televisión, jugar con los ordenadores y videojuegos; se puede incrementar la actividad física con actitudes tan sencillas como subir algún tramo de escaleras a pie, caminar al menos 15 minutos diarios, y otros pequeños detalles. En los adolescentes, la práctica de un deporte físico puede ser muy conveniente pues en ellos el ejercicio aumenta la formación de tejido magro y con frecuencia una vez que han perdido peso aumentan espontáneamente su actividad física al encontrarse más ágiles y ser mejor aceptados por sus compañeros. Algunos niños obesos padecen trastornos ortopédicos que hacen que algunos tipos de ejercicio no sean aconsejables, en estos casos hay que buscar el tipo de ejercicio adecuado. ASPECTOS PSICOTERAPÉUTICOS Existen diversos medios de modificación conductual y entre ellos tenemos: el método de enseñanza de contingencias, el autocontrol, los principios de aprendizaje social y la realización de contratos de compromiso. Una herramienta poderosa para modificar el comportamiento consiste en la introducción progresiva de estrategias psicoeducativas. El registro continuado de aspectos relacionados principalmente con la conducta alimentaria y la actividad física facilita información y permite el autocontrol de las mismas al proporcionar al niño y adolescente obeso una información sistemática de estas conductas, de sus logros y éxitos. El uso de contratos conductuales, es decir, de acuerdos explícitos especificando planes de conductas a ser cambiadas (por ejemplo, un objetivo alimentario diario, un objetivo de ejercicio físico semanal y cumplimentar el diario de autoregistros) facilita la reducción de peso60. Se recomienda que incidan en objetivos de cambio de hábitos. Los pacientes con ayuda del terapeuta redactarán su propio contrato en cada visita, incluyendo objetivos modestos alcanzables que permitan reforzar cambios de comportamiento, mas que recompensar la pérdida de peso. La redacción del contrato incluye premios estimulantes, asequibles y adecuados para la edad: valen acontecimientos sociales como ir al cine y a recibir de inmediato por alcanzar los objetivos contractuales. APOYO FAMILIAR Y RE-EDUCACION NUTRICIONAL Una implicación activa de los padres mejora los resultados terapéuticos. La colaboración familiar es importante no sólo en los niños pequeños sino también en los adolescentes61. Son los padres, a veces los abuelos los que compran, cocinan, dan de comer al niño y pontifican sobre sus necesidades nutricionales, la actividad física deseable y el estado nutritivo del niño. El tratamiento de la obesidad supone cambiar los hábitos dietéticos y también de actividad física del niño o adolescente, el cual aislado, cuando no acosado por un ambiente familiar que favorece la obesidad, es incapaz de llevarlo a cabo sin ayuda; es bien conocido que se obtienen muchos mejores resultados cuando el niño es traído a la consulta por los padres por la obesidad misma que cuando lo traen por una complicación de la misma, sin que den la menor importancia a la obesidad del niño, por intensa que ésta sea. Cuando uno o ambos padres son obesos, hecho frecuente, se prestan con facilidad a colaborar en las comidas, ejercicio, etc., y pueden encontrarse mejores resultados. Es necesario que el niño, si es mayor, y la familia reciban información suficiente sobre las características de los alimentos (de los que consumen habitualmente y de los que deberían consumir con más frecuencia), lo que supone la obesidad sus problemas a largo plazo y sobre todo la fórmula de luchar contra ella. Ello requiere tiempo por parte del médico, que a veces tiene que luchar contra creencias ancestrales erróneas. FÁRMACOS La tetrahidrolipostatina (u orlistat) (Xenical®), que en adultos se ha confirmado como un magnífico fármaco que inhibiendo las lipasas intestinales y sobre todo la lipasa pancreática, es capaz de disminuir la absorción de las grasas con la consiguiente pérdida de peso y con la ventaja adicional de mejorar el metabolismo lipídico e hidrocarbonado. La sibutramina (Reducil®) tiene un potente efecto anorexígeno ya que inhibe la recaptación de serotonina y noradrenalina y además posee un efecto termogénico evidente, habiéndose comportado de forma muy eficaz en la pérdida de peso y en su mantenimiento en los ensayos efectuados con una gran rentabilidad metabólica. Hasta el momento actual, en niños y adolescentes el uso de estos fármacos rara vez esta justificado. TRATAMIENTO QUIRÚRGICO: CIRUGÍA BARIÁTRICA Existen diferentes técnicas bariátricas63 que se dividen en restrictivas (reducción de la capacidad gástrica), de las cuales las más utilizadas son la gastroplastia vertical en banda o anillada y las malabsortivas by-pass ileocólico o biliointestinal y mixtas, más eficaces en la reducción de peso a largo plazo. Estas técnicas tan agresivas sólo se emplean en casos excepcionales de obesidades muy severas. Los profesionales de la salud debemos contribuir a que las adolescentes no se sientan estigmatizados por el sobrepeso, aunque su físico no se ajuste a los cánones estéticos de la moda. En muchos casos el objetivo de la psicoterapia seria aceptarse a uno mismo y mejorar la autoestima60. Además cabe esperar mucho de los avances en el área de la biología molecular en el tratamiento de enfermedades humanas y entre ellas la obesidad.
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Correspondencia:
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