|
INTRODUCCIÓN
La obesidad es una enfermedad crónica cuya prevalencia va en aumento por
lo que su prevención es un reto importante en salud pública. Se define
como un exceso de peso corporal a expensas de acúmulo de tejido adiposo1.
Desde el punto de vista antropométrico, la fórmula más empleada es el
índice de masa corporal (IMC), cociente entre el peso en kilogramos y la
talla en metros al cuadrado. Un valor superior a 30, es indicativo de
obesidad. En la actualidad se considera el índice cintura cadera (ICC),
más fiable que el IMC para el cálculo del riesgo cardiovascular. Cuando
es mayor de 1 en varones ó 0,88 en mujeres, indica un aumento de este
riesgo. En el estudio Framingham, el 70% de los casos de hipertensión (HTA)
en el hombre y 61% en mujeres, son atribuibles a exceso de adiposidad, con
aumento promedio de presión sistólica de 4,5 mmHg por cada 5 kg de
aumento de peso2.
La relación de la HTA con factores ambientales y sociales, así como
mecanismos endocrinos, genéticos y metabólicos es manifiesta3.
Éstos son: distribución de la grasa corporal, resistencia a la insulina
e hiperinsulinemia, activación simpática, efectos renales debido al
aumento de las concentraciones de aldosterona por mayor actividad del
sistema renina-angiotensina-aldosterona (RAAS), retención de sodio,
expansión volumétrica con aumento de resistencia vascular periférica
debido a alteraciones en la vasodilatación, concentraciones de leptina y
adiponectina, factores hemodinámicos y predisposición genética.
DISTRIBUCIÓN DE LA GRASA CORPORAL
La obesidad localizada preferentemente en el hemicuerpo superior se asocia
a un aumento de morbi-mortalidad cardiovascular y mayor incidencia de
enfermedades tales como diabetes mellitus (DM), HTA, dislipemia,
patología de la vesícula biliar y neoplasias3-5.
Algunos investigadores encuentran que la prevalencia de HTA en obesidad es
mayor de la que cabría esperar por el incremento de IMC per se. Otros,
sin embargo, describen cambios en la presión arterial similares según
incremento de IMC, grado de obesidad superior y niveles de insulina en
ayunas6.
RESISTENCIA LA INSULINA/HIPERINSULINEMIA
Los niveles de insulina sérica en pacientes obesos, hipertensos o no, son
mayores frente a individuos sanos y se asocia a cambios en el metabolismo
de las grasas7. La obesidad en el hemicuerpo superior se
relaciona con concentraciones de insulina altas en ayunas y tras la
administración de glucosa, y con aumento en la incidencia de DM tipo 2.
Ello se debe a la acumulación de células abdominales lipolíticas
hiperactivas que liberan cantidades de ácidos grasos libres hacia la vena
porta, incrementando la síntesis de triglicéridos e inhibiendo la
captación de insulina, con aparición de resistencia a la insulina e
hiperinsulinemia7. Son varios los niveles de actuación sobre
la presión arterial7-19 (Tabla 1).

Entre
otros se incluyen:
Efecto estimulador del simpático. La inyección de dosis
progresivamente mayores de insulina provoca un incremento
dosis-dependiente de los niveles de norepinefrina (NE) circulante con
aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Otra hipótesis
recaería sobre una situación de resistencia insulínica localizada
básicamente a nivel del músculo estriado, que condicionaría,
hipertrofia vascular vía receptor a y un aumento de la conversión de
fibras musculares hacia tipo 2b, las cuales muestran un mayor nivel de
resistencia insulínica, perpetuándose así el daño sobre las
resistencias periféricas (Fig. 1).

Efecto retenedor de NA a nivel renal. Disminuye la excreción de Na.
Alteraciones sobre metabolismo lipídico. Aumento de VLDL, colesterol
total y triglicéridos con disminución de HDL.
Efecto en el transportador catiónico de membrana. Estimulación de la
bomba Na+/H+, disminución de la actividad Na/K
ATPasa y del intercambiador Na+/Ca2+ con aumento de
Ca2+ intracelular.
Efectos en pared vascular. Incrementa resistencias periféricas.
SISTEMA NERVIOSO SIMPÁTICO
El aumento de la actividad simpática es un mecanismo de inicio y
mantenimiento de la presión arterial. De hecho, la actividad del sistema
nervioso simpático (SNS) produce hipertrofia ventricular izquierda (HVI)
y contribuye a la génesis de arritmias ventriculares y, con ello, muerte
súbita.
La acción vasoconstrictora del SNS en vasos de músculo esquelético
reduce la absorción de glucosa por el músculo, favoreciendo la
resistencia insulínica e hiperinsulinemia3,20,21.
La HTA surge de las interacciones de, al menos, cuatro mecanismos, siendo
el más obvio, la activación del SNS22 (Fig. 2).

Sin
embargo, la hiperactividad simpática no sólo obedece a la
hiperinsulinemia inducida por obesidad, sino también a un efecto directo
de la mayor ingesta calórica. En pacientes obesos normotensos, el tono
simpático renal está aumentado al doble pero los niveles de NE
corresponden al 50% del normal. Por otro lado, en pacientes obesos e
hipertensos existe un aumento de NE en riñón, con niveles en corazón
doble respecto a los de un paciente obeso normotenso y 25% mayor a los de
un voluntario sano. La actividad simpática muscular en individuos obesos
es mayor sean o no hipertensos22,23, de lo que se deduce que es
condición necesaria pero no suficiente. La clave está en la capacidad
adaptativa del SNS a nivel cardíaco. Por otro lado, la insulina en
individuos con normopeso induce vasodilatación en el músculo
esquelético, sin embargo, en obesos hay escasa respuesta del flujo
sanguíneo a la insulina, debido en parte, a una mayor sensibilidad
presora a la noradrenalina17.
RAAS: incremento de las concentraciones séricas de aldosterona
El RAAS es un determinante el tono del glomérulo renal eferente y de la
reabsorción tubular de Na, participando de efectos vasoconstrictores y de
la homeostasis del volumen líquido extracelular. La obesidad se asocia a
un aumento de los niveles de aldosterona y alteración de la relación
angiotensina II- aldosterona, con mayor actividad del RAAS3,
aumentando la cantidad corporal de Na y agua, y por tanto favoreciendo el
aumento de la PA en obesos. Las concentraciones de renina disminuyen
progresivamente con la obesidad, e inversamente, las concentraciones de
aldosterona en obesos son mayores que en no obesos.
Estudios realizados con el fin de investigar la relación entre variantes
genéticas de la enzima convertidora de angiotensina con la PA y con la
estructura y función del ventrículo izquierdo (VI) en jóvenes obesos,
objetivaron que los pacientes homocigotos para el alelo D presentan un
riesgo mayor de desarrollar HTA, alteración estructural y disfunción VI;
por lo que deben ser considerados como candidatos de padecer enfermedad
cardiovascular24.
EFECTOS DE HIPERTENSIÓN Y OBESIDAD EN LA FUNCIÓN DEL ENDOTELIO
La obesidad y la HTA se asocian a disfunción endotelial. El óxido
nítrico (NO) es el vasodilatador endógeno más potente. Interviene en la
regulación del tono vascular, inhibición de la agregación y adhesión
plaquetar e inhibe la proliferación de células musculares25.
Estudios llevados a cabo en pacientes hipertensos, han mostrado que
presenta una alteración de la respuesta vasodilatadora a los estimulantes
del NO, pudiendo deberse a una reducción en su síntesis26-28,
sin estar relacionado en exclusiva a una menor disponibilidad de
sustrato29, debido a una mayor descomposición del NO por superóxido30
o por la inhibición por sustancias ciclooxigenasa dependientes31.
SEMSIBILIDAD AL SODIO Y VOLUMEN PLASMÁTICO1,2
Los mecanismos a través de los cuales se origina la retención de Na
podrían estar en relación con los efectos combinados de la resistencia
insulínica con mayor o menor grado de hiperinsulinismo8 y con
la hiperactividad simpática. El aumento de calcio intracelular en las
células musculares lisas por disminución de la ATPasa Na-K, puede dar
lugar a HTA, al inducir incremento del tono muscular y la resistencia
periférica. Algunos investigadores señalan que existe una excreción de
Na normal o ligeramente elevada en individuos obesos relacionándola con
la HTA asociada a la obesidad32.
LEPTINA
Es una hormona de 167 aminoácidos secretada por los adipocitos33.
Se introduce en los fluidos cerebroespinales por endocitosis, uniéndose
al receptor específico hipotálamico (Ob-R), activando neuropéptidos,
provocando pérdida de apetito, disminuyendo el tejido graso y el peso del
individuo3,33-35. El nivel de leptina en individuos normales se
encuentra entre 5-15 mg/ml, siendo mayor en obesos.
El gen Ob-R controla la expresión de varias alternativas. El Ob-Rb es el
receptor mayor, con un dominio transmembrana y otro intracelular con
radical carboxilo. Los Ob-Ra, Ob-Rc y Ob-Rd son receptores prematuros con
un corto tallo intracelular que facilitan el paso de leptina al cerebro.
El Ob-Re es un receptor proteico que carece de dominio transmembrana y se
comporta como receptor soluble que se une e inactiva la leptina
circulante.
La leptina actúa a diferentes niveles en el sistema cardiovascular y
renal, aumentando la descarga simpática, insulino-resistencia y la
excreción de sodio y agua2,3,19. Son contradictorios los
resultados obtenidos de la relación que puede existir entre leptina-obesidad
y leptina-insulinemia. En estudios con animales experimentales obesos se
observan concentraciones bajas de leptina y de sus receptores. En humanos,
el déficit de leptina sería, con más probabilidad, secundario a una
alteración en su receptor33,36. Además, tiene un efecto
estimulador en la secreción de gonadotropinas e insulina, y tanto la
hiperinsulinemia como los glucocorticoides poseen, a su vez, un efecto
estimulador de la secreción de leptina. Para conocer el papel de la
leptina en los mecanismos que nos ocupan, algunos estudios centran la
relación entre presión arterial, IMC, actividad de SNS, resistencia
insulínica y leptina. Se objetiva una interacción diferente dependiendo
del sexo: la leptina y la resistencia insulínica producen un aumento de
la TA por aumento de actividad del SNS en mujeres, pero no así en hombres37.
Sin embargo, otros han propuesto que no existe tal relación. Para
complicar más esta relación, la administración de leptina produce dos
efectos distintos: a largo plazo puede incrementar la actividad simpática
con efectos vasopresores, mientras que la administración directa en las
arterias renales puede inducir natriuresis con retención de Na y por
tanto, efecto antivasopresor3. Son necesarios más estudios
para evidenciar el papel que desempeña la leptina en la HTA.
ADIPONECTINA
Actualmente, crece la evidencia de que el tejido adiposo per se es un
órgano endocrino que secreta sustancias biológicamente activas. La
adiponectina es una proteína de reciente descubrimiento secretada por
este tejido. Inhibe en la forma inicial las lesiones arterioscleróticas,
disminuyendo la expresión de moléculas de adhesión (VCAM-1, ICAM-1, E-selectina,
etc.). Sus niveles son menores en pacientes obesos que en no obesos, en
hombres que en mujeres y mayores en pacientes con enfermedad coronaria y
DM tipo 2. La reducción de peso en pacientes obesos se sigue de un
aumento de la concentración de adiponectina. Existe una relación inversa
entre niveles de esta proteína y la tensión arterial y también en
términos de filtrado glomerular. El mecanismo por el cual se produce
descenso de adiponectina es desconocido. Una explicación podría ser el
aumento de la actividad del SNS. Existe también relación inversa con
niveles de triglicéridos y con la aparición DM tipo 2. En la resistencia
insulínica y en la patogénesis de la arteriosclerosis se evidencia un
descenso de sus niveles38-42.
FACTORES HEMODINÁMICOS
En los individuos obesos, el gasto cardíaco, la volemia central y total y
el volumen sistólico son mayores que en no obesos41. El gasto
cardíaco es proporcional al incremento de la masa corporal y puede ser
razón principal de aumento de PA32. Por otro lado, en los
pacientes obesos, nos encontramos con un estado protrombótico, secundario
al estasis venoso y disminución de la actividad física entre otros, que
contribuye al aumento de la PA.
FACTORES GENÉTICOS
Esta consideración se deriva del hecho de que la obesidad
central-superior se debe en parte a una predisposición genética, y que
en gemelos adultos existe una concordancia en cuanto a HTA, DM y obesidad.
Sin embargo, no siempre se evidencia HTA en la obesidad, por lo que deben
existir estos factores genéticos33,43-45. Antecedentes
familiares de HTA y obesidad son factores de riesgo de HTA.
El TGF-b, codificado genéticamente, es una citoquina multifuncional que
regula el crecimiento, la diferenciación y la producción de matriz
celular43. Se segrega por monocitos, células endoteliales y
musculares de la pared del vaso. Se asocia a otras patologías como
cáncer, aterosclerosis y enfermedades fibróticas. En pacientes
hipertensos, se ha demostrado un aumento de dicha proteína. Más aún,
los niveles de esta proteína son mayores en pacientes hipertensos con
aumento de IMC, frente a IMC normal. Pueden influir en la expresión de
TGF-b los polimorfismos en DNA TGF-b1 y la actividad de angiotensina-II
siendo un mediador del daño producido por esta en la HTA. Algunos
científicos incluyen que existe asociación con las consecuencias a largo
plazo de HTA, como son la HVI, el remodelado vascular y la enfermedad
renal. Existe relación entre leptina y TGF-b1, ya que se ha demostrado
que la leptina estimula la expresión por células del glomérulo renal de
TGF-b1 y los receptores tipo II en el mesangio.
Sistema cardiovascular
Varios estudios relacionan la obesidad con insulino y leptino resistencia,
que supone una inhibición de la actividad del péptido natriurético,
retención de Na, expansión de volumen cardio-pulmonar y del gasto
cardíaco. Se producen cambios en el metabolismo de cationes con la
consiguiente adaptación del corazón mediante HVI
concéntrica-excéntrica46 (Fig. 3).

Daño renal
Los riñones del obeso están cubiertos por una capa de grasa que penetra
en el hilio renal rodeando la médula3, originando un aumento
del depósito de células intersticiales y de la matriz extracelular entre
los túbulos, que induce un aumento de la presión hidrostática
intersticial y de la reabsorción tubular de Na. Las consecuencias son un
aumento de flujo renal, filtrado glomerular (FG) y albuminuria, con
posibilidad de daño renal.
TRATAMIENTO DEL OBESO HIPERTENSO
Es fácil asumir, que una corrección del sobrepeso, será beneficioso en
la reducción de cifras de tensión arterial. Para ello existen medidas no
farmacológicas y farmacológicas.
Medidas no farmacológicas
Son medidas no farmacológicas: dieta baja en grasa, pobre en sal,
moderada en hidratos de carbono y rica en fibra; ejercicio aeróbico y
disminución de ingesta de alcohol, entre otras.
Medidas farmacológicas
Desde la introducción de los inhibidores de la enzima de conversión de
la angiotensina (IECA)47 en el tratamiento antihipertensivo se
pudo observar un efecto potenciado en la terapéutica hipoglucemiante.
Además, los IECA tienen un efecto bloqueante de la actividad simpática,
y por supuesto, de la generación de angiotensina II, con la consiguiente
vasodilatación que condiciona, sobre todo a nivel de músculo estriado,
efectos positivos sobre la utilización de la glucosa. Los antagonistas de
receptores de angiotensina II, han demostrado igualmente ser fármacos
eficaces en el control de la HTA en estos pacientes, al inhibir el eje
RAAS a diferentes niveles. De hecho, estudios recientes, aconsejan su uso
combinado.
Otros fármacos utilizados en el tratamiento de la HTA del paciente obeso,
son los diuréticos, betabloqueantes, alfabloqueantes y calcioantagonistas.
Los diuréticos, especialmente tiazidas, son fármacos principalmente
prescritos para el control de los edemas y clínica asociada de
insuficiencia cardiaca. Los betabloqueantes, disminuyen la frecuencia
cardiaca y el gasto miocárdico, por lo que son fármacos que pueden
utilizarse en enfermos seleccionados. Sin embargo, dados sus efectos
colaterales y la existencia de otras patologías asociadas (EPOC, diabetes…)
en estos pacientes, su uso queda en segundo plano. Los alfabloqueantes son
utilizados en pacientes varones con problemas prostáticos. Los
calcioantagonistas son útiles en pacientes de edad avanzada. Todos estos
fármacos, en la práctica habitual, son utilizados en combinación.
CONCLUSIONES
Se han expuesto los posibles mecanismos de HTA en obesidad conocidos en la
actualidad, dejando puertas abiertas a nuevas investigaciones. Se asume de
manera general que la obesidad juega un importante papel en la
patogénesis de la HTA.
Los mecanismos fisiopatológicos relacionados con la HTA inducida por la
obesidad son: resistencia insulínica, hiperinsulinemia, aumento de la
actividad adrenérgica y concentraciones de aldosterona, retención de
sodio y de agua. Existe un incremento del gasto cardiaco, con respuesta de
hipertrofia excéntrica-concéntrica, por parte del ventrículo, que
predisponen a fallo cardiaco. La afectación renal puede desarrollar
glomeruloesclerosis y fallo renal.
La pérdida ponderal se asocia con una caída de presión arterial, tanto
en normotensos como en hipertensos. En los obesos hipertensos, la presión
empieza a descender antes de obtener el peso ideal.
Los IECA y/o los ARA II son fármacos de primera elección por su efecto
beneficioso sobre la resistencia insulínica y actividad simpática.
BIBLIOGRAFÍA
1. Organización Mundial de la Salud (WHO Report, 1998).
2. Zhang R, Reisin E. Obesity-hypertension: the effects on cardiovascular
and renal system. Am J Hypertens 2000; 13: 1308-1314.
3. Kannel WD, Anderson K, Wilson PWF. Secular blood pressure trends in
normotensive persons: the Framingham study. Am Heart J 1993; 125:
1154-1158.
4. Martins D, Tareen N, Pan D, Norris K. The relationship between body
mass index and pulse pressure in older adults with isolated systolic
hypertension. Am J Hypertens 2002; 15: 538-543.
5. Pouliot MC, Dépres J-P, Lemieux S, Moorjani S, Tremblay A, Nadeau A et
al. Wiast circunference and abdominal sagital diameter: best simple
anthropometric indexes of abdominal visceral adipose tissue accumulation
and related cardiovascular risk in men and women. Am J Cardiol 1994; 73:
46-468.
6. Schmidt MI, Watson RL, Duncan BB, Metclaf P, Brancati FL, Sharrett AR
et al. Clustering of dyslipemia, hyperuricemia, diabetes, and hyertension
and its association with fasting insulin and central overall obesity in a
general population. Metabolism 1996: 45: 699-706.
7. Vera O, Velasco M, Carballo J, Flores E, Espinoza M, De la Parte M et
al. Insulinemia: relationship with obesity and high blood pressure. Am J
Hypertens 2002; 15: A187.
8. Lansberg L. Diet, obesity and hypertension: A hypothesis involving
insulin, the sympathetic nervous system, and adaptative thermogenesis. Q J
Med 1986; 61: 1081-1090.
9. Gupta AK, Clark RV, Kirchner KA. Effects of insulin on renal sodium
excretion. Hypertension 1992; 19 (Suppl 1): 178-182.
10. Sharma AM, Schorr U, Distler A. Insulin resistance in young salt-sensitive
normotensive subjects. Hypertension 1993; 25: 384-390.
11. Rocchini AP, Moorehead C, DeRemer S, Goodfriend TL Ball DL.
Hyperinsulinemia and the aldosterona and pressor responses to angiotensina
II. Hypertension 1990; 15: 861-866.
12. Barbagallo M, Gupta RK, Resnick L. Independent effects of
hiperinsulinemia and hyperglycemia on intracellular sodium in normal human
red cell. Am J Hypertens 1993, 6: 264-267.
13. Pontremoli R, Zavaroni I, Mazza S, Battezzati M, Massarino F,
Tixianello A et al. Changes in blood pressure, plasma trygliceride and
aldosterone concentration, and red cell cation concentration in patients
with hiperinsulinemia. Am J Hypertens 1991; 4; 159-163.
14. Aviv A. The role of Ca2+, protein kinase and the Na+H+ antiporter in
the development of hypertension and insulin resitance. J Am Soc Nephol
193; 3: 1049-1063.
15. Bornfeldt KE, Arnquist HJ, Capron L. In vivo proliferation of rat
vascular smooth muscle in relation to diabetes mellitus insulin-like
growthfactor I and insulin. Diabetologia 1992; 35: 104-108.
16. Lembo G, Napoli R, Capaldo B, Rendina V, Iaccarino V, Volpe M et al.
Abnormal sympathetic overactivity aevoked by insulin in the skeletal of
patients with essential hypertension. J Clin Invest 1992; 29: 111-114.
17. Axerol L. Insulin, prostaglandins, and the patoghenesis of hyertension.
Diabetes 1991; 40: 1223-1227.
18. Baron AD, Brechtel-Hook G, Johnson A, Fineberg N, Henry DP, Steinberg
HO. Interactions between insulin and norepinephrine on blood pressure and
insulin sensitiviy. J Clin Invest 1994: 93: 2453-2462.
19. Hu RM, Levin ER, Pedram A, Frank HJL. Insulin stimulates production
and secretion of endothelium from bovine endothelial cells. Diabetes 1993;
42: 351-358.
20. Esler M. The sympathetic system and hipertensión. Am J Hypertens
2000; 13: S99-105.
21. Esler M. Sympatheic nervus system and insulin resistance: from obesity
to diabetes. Am J hypertens 2001; 14: A264.
22. Grassi G, Seravalle G, Cattaneo BM, Bolla GB, Lanfranchi A, Colombo M
et al. Sympathetic activation in obese normotensive subjects. Hypertension
1995; 25: 560-563.
23. Agapitov A, Correia M, Surkey C, Brenz T, Haynes W. Sympathetic
control of vascular tone in obese humans. Am J Hypertens 2001; 14 (Suppl
1): A23.
24. Di Chiara T, Duro G, Parrinello G, Paterna S, Di Fiore R, Seaglione R
et al. Angiotensin converting enzyme gene polymorphisme and central
obesity: relationship with blood pressure and left ventricular structure
and function. Am J Hypertens 2001; 14 (Suppl 1): A163.
25. Fhigashi Y, Sasaki S, Nakgawa K, Matsuura H, Chayama K, Oshima T.
Effect of obesity on endothelium-dependent, nitric oxide-mediated
vasodilation in normotensive individuals and patients with essential
hypertension. Am J Hypertens 2001; 14: 1038-1045.
26. Rees DD, Palmer RMJ, Moncda S. Role of endothelium-derived nitric
oxide in the regulation of blood pressure. Proct Natl Acad Sci USA 1989;
86: 3375-3378.
27. Calver A, Collier J, Green D, Vallance P. Effect of acute plasma
volume expansion on peripheral arteriolar tone in healthy subjects. Clin
Sci 192; 85: 541-547.
28. Kelm M, Preik M, Hafner DJ, Strauer BE. Evidence for multifactorial
process involved in the impaired flow responses of nitric oxide in the
hypertensive patients with endothelial dysfunction. Hypertension 1996; 27:
346-353.
29. Panza JA, Casino PR, Badan DM, Quyyumi AA. Effect of increased
availability of endothelium derived nitric oxide precursor on endothelium-dependent
vascular relaxation in normal subjects and in patients with essential
hypertension. Circulation 1993; 87: 1475-1481.
30. Tschudi MR, Mesaros S, Luscher TF, Malinski T. Direct in situ
mesasurement of nitric oxid in mesenteric resistance arteries. Increased
decomposition by superoxide in hypertension. Hypertension 1996; 27: 32-35.
31. Taddei S, Virdis A, Ghiadoni L, Magagna A, Salvetti A. Cyclooxygenase
inhibition restores nitric oxide activity in essential hypertension.
Hypertension 1997; 29: 274-279.
32. Hall J, Brands M, Dixon W, Smith MJ. Obesity-induced hypertension:
renal function and system hemodynamic. Hypertension 1993, 22: 292-299.
33. Rönnemaa M, Karonen S-L, Rissanen A, Koskenvuo M, Koivisto VA.
Relation between plasma leptin levels and measures of body fat in
identical twins discordant for obesity. Am Intern Med 1995; 126: 26-31.
34. Kazushi T, Ichiro N. Leptin and membrane fluidity of erythrocytes in
essential hypertension: an electron paramagnetic resonance investigation.
Am J Hypertens 2004; 17: 375-379.
35. Xuequin J, Noboru F, Jinzi S, Hiroto T, Yimu L, Katsuo K et al.
Effects of leptin on endothelial function with Ob-Rb gene transfer in
Zucker fatty. Atherosclerosis 2003; 169: 225-233.
36. Pankov IuA. Are all animal and human organs and tissues endocrine in
nature and are secreting peptide hormones into blood? Vopr Med Khim 1996;
42: 179-184.
37. Yamakado M, Ishizaka Y, Takahashi E. Clinical study on the role of
leptin and insulin resistanse in the pathogenesis of obesity related
hypertension. Am J Hypertens 2001; 14: A222.
38. Adamczac M, Wicet A, Funashsashi T, Chudek J, Kokot F, Matsuzawa Y.
Decreased plasma adiponectin in patients with essential hypertension. Am J
Hypertens 2003; 16: 72-75.
39. Sowera JR. Obesity as a cardiovascular risk factor. Am J Med 2003; 115
(Suppl 8): 37S-41S.
40. Murakami H, Ura N, Furuhashi M, Higashiura K, Miura t, Shimamoto K.
Role of adiponectin in insulin-resistant hypertension and artherosclerosis.
Hypertens Res 2003, 26: 705-710.
41. Oren S, Grossman E, Frohlich ED. Arterial and venous compliance in
obese and nonobese subjects. Am J Cardiol 1996; 77: 665-667.
42. Hattori Y, Suzuki M, Hattori S, Kasai k. Globular adiponectin
upregulates nitric oxide production in vascular endothelia. Diabet 2003;
46: 1543-1549.
43. Carmelli D, Cardon L, Fabsitz R. Clustering of hypertension, diabetes,
and obesity in adult male twins: same genes or same environments. Am J Hum
Genet 1994; 55: 566-573.
44. Porreca E, Di Febbo C, Vitacolonna E, Baccante G, Di Castelnuovo A,
Angelini A et al. Transforming growth factor-B1 levels in hypertensive
patients: Association with body mass index and leptin. Am J Hypertens
2002; 15: 759-765.
45. Ricquier D. Genetic and molecular aspects of obesity: recent data.
Pathol Biol 1999; 47: 1080-1084.
46. Tasic I, Lovic B, Ilic S, Djorrdejevic D, Lovic D, Miladinovic TN.
Relationship between obesity decrease and regresion of hypertensive left
ventricular hypertrophy. Am J Hypertens 2002; 15 (Suppl 1): A198.
47. Amador N, Guizar JM, Malacara JM, Pérez-Luque E, Paniagua R.
Sympathetic activity and response to ACE inhibitor (enalapril) in
normotensive obese and non-obese subjects. Arch M Research 2004; 35:
54-58.
Correspondencia
Carmen Marina López de Fez
Travesía de Acella 5, esc. izda, 3 A
31008 Pamplona
e-mail: trubiove@cfnavarra.es
Aceptado para su
publicación el 24 de marzo de 2004.
|