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Entrenar
correctamente evita lesiones |
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Depresiones, enfermedad coronaria, diabetes, hipertensión, ansiedad, cáncer, … a lo largo de estos último años se han ido realizando varios estudios que demuestran categóricamente que el ejercicio físico es beneficioso para prevenir o superar muchas de estas enfermedades…y sin tener ningún efecto secundario como los medicamentos. El deporte es eficaz para aquellos afectados por depresiones leves o moderadas y también para los pacientes que sufren dolor crónico. De hecho, se ha observado que en tan sólo 5 meses estos pacientes mejoran considerablemente a través de una tanda de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos supervisados por un especialista entre 20 y 60 minutos 3 veces a la semana. No se han conseguido constatar las razones de este beneficio, pero algunas de las posibles explicaciones que se dan a este fenómeno son; el ejercicio físico produce el aumento de la temperatura corporal en el paciente y eso beneficia al mismo, que el deporte aumenta los niveles de endorfinas corporales, sustancias que bloquean los receptores del dolor en el cerebro y por último que el ejercicio físico ayuda a la transmisión de impulsos nerviosos. De cualquier modo, con la práctica del ejercicio físico el paciente se distrae olvidándose de su dolor, y, si logra un reto deportivo, se siente mejor. Reduce considerablemente su ansiedad y logra un aumento de la autoestima y de la confianza en sí mismo. Por otra parte, la actividad física en las fases precoces de un cáncer ayuda al paciente a mejorar su calidad de vida, además de retrasar la pérdida de fuerza física y resistencia. El deporte repercute positivamente tanto a nivel físico, con un aumento de la flexibilidad y un descenso de la fatiga, como psíquico, con una clara tendencia a la mejoría en los estados de depresión y ansiedad. Aunque parezca increíble, caminar una hora diaria puede ser suficiente para disminuir el riesgo de padecer cáncer de pulmón hasta en un 40%. Los últimos estudios realizados han demostrado que practicar ejercicio con regularidad reduce el riesgo de padecer enfermedad biliar y de pasar por el quirófano para la extirpación de la vesícula. Este fenómeno se sustenta en el hecho de que el deporte evita la aparición de piedras en este órgano y la mejor forma de prevenirlo es manteniendo el peso corporal ideal y adelgazando poco a poco y no de golpe. El insomnio también puede prevenirse a través de la práctica deportiva. Una de las mejores cosas que pueden hacer los adultos con problemas de sueño es correr un poco cada día. Tiene un doble beneficio; por una parte psicológico porque mejora el estrés y disminuye la ansiedad, y por otro lado fisiológico producto de la relajación de los músculos y del equilibrio de la regulación térmica. Otra patología que el deporte puede contribuir a superar es el asma. A pesar de lo que muchos pueden llegar a pensar, el ejercicio físico no es privativo de los pacientes asmáticos sino que se ha convertido en una parte del tratamiento de la enfermedad, siempre bajo un estricto control médico, debido a que proporciona un beneficio físico y psíquico. Muchos de estos pacientes pueden llegar incluso a competir al más alto nivel con fármacos, inhaladores, antiinflamatorios y un buen seguimiento médico. Los deportes más recomendables para este tipo de pacientes son aquellos graduales, que no suponen un gran esfuerzo físico para el paciente, a través de alguna actividad aeróbica pero sin alcanzar el 80% de intensidad durante los primeros meses de práctica. Las sesiones no deben sobrepasar los 60 minutos de duración y con una frecuencia de 3 a 5 veces por semana. La pauta que todo asmático debe seguir es evitar las temperaturas frías. La temperatura es una pauta importante a controlar por parte de estos pacientes. Por último, para demostrar los efectos tan beneficiosos del ejercicio deportivo para la salud tanto física como mental, estudios en EE.UU han demostrado que la pérdida de peso a través del deporte contribuye a prevenir la diabetes y por lo tanto, a llevar un control de la glucosa. La rehabilitación deportiva es clave para la recuperación de cardiopatías y para dominar la hipertensión. Realizar ejercicio físico, siempre controlado por un especialista que asesore sobre dónde, cómo y cuándo hacer deporte, beneficia a los enfermos del corazón porque disminuye la posible ansiedad y el miedo, mejora la calidad de vida, disminuye el tiempo de discapacitación laboral y reduce el consumo de fármacos. Lo recomendable es correr unos 11 kilómetros semanales, o lo que es lo mismo 10 minutos de ejercicios aeróbicos 2 veces a la semana a ritmo suave, para proteger al corazón de sufrir una enfermedad coronaria. De esta forma, los beneficios continuarán incrementándose hasta los 23 kilómetros semanales. Lo que si es cierto es que la práctica deportiva debe realizarse de forma continuada ya que, en algunas ocasiones, la incidencia de problemas cardíacos es mayor en aquellos deportistas ocasionales que en aquellos pertenecientes a la población sedentaria. Someter al corazón a un estrés físico de forma |
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